Si yo fuera Ximo Puig, hubiera venido» era el comentario general tras el debate. Su ausencia le perjudicó porque le ha privado de cantar sus ... logros, excepto que piense tener más sombras que luces en cuanto a su continuidad. Además hubiera borrado la sensación de temor. Nuestros políticos deberían saber que «el debate y el desacuerdo son el núcleo de una democracia real, la discusión es necesaria» (Reddington en Blacklist). El mutis de Compromís no tiene mayor importancia cuando su candidato, Joan Balldoví, ha afirmado no aspirar a la Presidencia: «Me conformo con obtener los mismos resultados que en 2019».
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Mazón (PP) se muestra como real aspirante a sustituir a Puig, el único que exhibió un programa completo de gobierno. Illueca (Podemos) se ocupó más en criticar a sus oponentes, especialmente a Vox, que en ensalzar la gestión del Consell. Obsesión por el pasado lejano. Se encontró, por ello, con una breve, pero magistral lección ideológica de Carlos Flores (Vox) sobre la diferencia entre sociedad libre y régimen comunista.
Me sorprendió Mamen Peris (Ciudadanos) con su prioridad contra el PP, confirmando así sus últimos pasos parlamentarios ansiando complicidad con el PSPV. No extraña que sus votantes huyan en desbandada según las encuestas. Así es la vida.
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