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Dice Germán Dos Santos, administrador de la cafetería Aquarium, que el 80% de los clientes no tienen que abrir la boca para que les sirvan exactamente lo que quieren. Si el café le gusta con un chorrito de leche tibia, si lo toma con ... sacarina o con azúcar moreno, si la tostada lleva tomate o mantequilla bien untada. «Tenemos memoria fotográfica, así que con que vengas tres o cuatro veces ya sabremos qué quieres y te lo serviremos antes de que lo pidas».
Así es el Aquarium que Vicente Boluda compró este verano después de que los propietarios -trabajadores del local, entre ellos Germán-, tuvieran problemas para sacar adelante la enseña de la alta burguesía valenciana. «Fue culpa del Covid», dice Germán, que admite que el cliente medio del local es una persona mayor, «aunque cada vez más vienen hijos y nietos de esas mismas familias del Ensanche».
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Aquarium es el refugio donde todo está bien, donde no hay sorpresas y nada cambia. «Existe un sentido de pertenencia a este lugar», explica el administrador, portugués de nacimiento, que antes fue aprendiz, camarero, cocinero y propietario de este mismo lugar. Así que la instrucción que recibió Dos Santos por parte de Boluda fue: «que todo siga como hasta ahora». El empresario naviero siempre ha sido un fiel cliente, como ya lo eran sus padres, como ocurre con esas familias de clase alta que heredan, generación tras generación, ese trato de usted por parte de Germán, de Miguel Ángel Arocas (lleva más de cuarenta años en la barra preparando los famosos cócteles del local), de José Crespo, de Álex Gómez. Camareros de corbata y chaquetilla que saludan con cortesía, manteniendo esas diferencias de clase que al cliente le gusta saborear.
En una Valencia donde los locales se parecen cada vez más entre sí, Aquarium es además una cafetería mantiene inmutable la misma esencia desde el año que se inauguró, el de la riada: el ambiente marinero, las mesas bajitas, el cuero verde y las paredes forradas de madera. Germán Dos Santos anuncia, sin embargo, algunos cambios: «vamos a organizar eventos y tardeos», dice el administrador. Ha introducido además algunas tapas a la carta, que se han sumado a los platos de siempre: rabo de toro, manitas de cerdo, albóndigas, carrillada de ternera o canelones de rabo de toro, además de los bocadillos con el pan crujiente después de pasar por la plancha, las tortillas recién hechas, el pepito de ternera con salsa tártara o la brascada.
Dice Germán que este verano han cerrado los domingos, porque el cliente habitual está en el chalé, en el apartamento de la playa. ¿Cómo ha sido la vuelta tras el verano? Entre semana van recuperando los comensales de siempre, aunque los fines de semana todavía da un bajón, a la espera de que en octubre toda la burguesía esté ya bien asentada en Valencia y vuelva a tomarse un rocafull en la barra del Aquarium mientras se saludan entre ellos, preguntan por la familia y hacen negocios.
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