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Tengo intención de reabrir el 4 o el 5 de marzo, ya veremos». Los amantes de los buenos almuerzos, arroces, y, sobre todo, el all ... i pebre, deben marcar en su agenda estas fechas y estar atentos a lo que vaya a suceder en Casa Baina, uno de los templos de este resbaladizo pescado azul que se cocina con patatas, uno de los referentes de la gastronomía valenciana y, sobre todo, de la Albufera.
Quien habla así del calendario para la reapertura es Victoria Blesa, que regenta el establecimiento en el puerto de Catarroja. La dana arrasó con todo y menos mal, recuerda, que la pilló haciendo las compras para el día siguiente. Cinco familias dependen de este negocio y muchos comensales hambrientos.
«Pudimos entrar a los veintitantos días», recuerda la propietaria, que heredó el negocio de su padre hace dos décadas. Ella tiene ahora 60 años, pero dice que no ha dudado ni un segundo en que debía volver a abrir el local, una antigua construcción que en origen fue albergue de pescadores. «La misma noche de las inundaciones pensaba en cómo estaría», recuerda.
Estaba arrasado por la entrada de agua, barro y todo tipo de arrastres. Desde que pudieron entrar ha sido una lucha continua de reparaciones y pruebas con la maquinaria. Aún las hacen estos días, con el fin de garantizar que los lavaplatos funcionan perfectamente, al igual que todos los fogones.
Tanto trabajo tiene que dice que no se cocinó nada cuando probó los fuegos. «No tenía tiempo», apunta, aunque subraya que los clientes encontrarán los mismos platos tanto para el almuerzo como para las comidas. «Será un menú popular», recuerda, para indicar que el fin de semana cambia la oferta ligeramente.
En Casa Baina, el barro (aquello no era agua) llegó hasta un metro y medio. Destrozó el almacén, la barra y parte del salón. «Se ha reconstruido tal y como estaba», comenta. «Lo que se ha deteriorado lo hemos tenido que cambiar como la barra y las puertas», dice. La primera pregunta era por dónde empezar. «Hemos padecido una larga espera por la falta de operarios y todavía estamos en ello», considera.
El contenido del almacén obviamente se perdió todo, comida y bebida sepultada por el barro. Aún así, el optimismo reina en la gerente, quien señala que como Catarroja quedó tan destrozada, cada vez que podía se acercaba al puerto en la Albufera, a pie porque ha perdido el coche. «Ver un pato, un pajarito, un poco de sol, la tranquilidad,...».
Considera que primera fueron las personas, desde luego, con lo que el acceso al puerto se demoró. «Cuando pude me vine aquí», recuerda. El 29 de octubre pasó la madrugada en la calle, después de comprar en Massanassa. «Llegué como pude a Catarroja».
Ese día no llovió, aunque se produjo un viento muy fuerte. «Le dije a unos clientes que quitasen los coches debajo de un toldo de los pescadores por si se caía, pero nadie podía imaginar lo que pasó». Por fortuna, no fue testigo de escenas dramáticas.
De momento, los horarios serán los de siempre. Almuerzos y comidas, con el cierre de los lunes por descanso. En el puerto ya hay algo de actividad de los pescadores y también hay una sede de la asociación de vela latina. Poco a poco vuelve todo a la normalidad, aunque con muchas incógnitas, dado que el parque natural sigue siendo objeto de una profunda limpieza.
«Hay que coger las cosas como vienen», dice optimista. Subraya que el establecimiento es «popular», para indicar que llegan pescadores y labradores para almorzar, mientras que los fines de semana son los arroces los que mandan. Los precios serán también como antes de la dana, aunque todo está por definir.
A los 60 años quiere seguir dando la «batalla» de nuevo. «No me voy a jubilar porque haya habido una catástrofe, lo haré cuando yo quiera», para destacar que también le anima las llamadas de los clientes que le preguntan «cuando abriremos». Ahora, todo está pendiente de que la maquinaria responda, sobre todo las neveras y los lavaplatos, para disfrutar del all i pebre.
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