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Partir con la etiqueta de teórico favorito, muchas veces no es garantía de nada y en el fútbol menos todavía. Estos pronósticos se basan durante ... repetidas ocasiones en falsos prejuicios sobre distintos rasgos. Pero, a la postre, lo que al final termina contando es la sintonía que se encuentre en un equipo y sobre todo el acierto.
El Almería regresó el pasado verano a LaLiga Hypermotion y parecía que debía ser uno de los equipos que lograra el ascenso casi por rigor. El dinero del jeque no lo es todo, tampoco los goles del pichichi Luis Suárez, pero en la visita del Levante a su estadio hizo que estos fueran argumentos para terminar imponiéndose en los minutos decisivos al equipo más en forma de toda la categoría de plata.
Los de Julián Calero ya sabían de antemano que iban al UD Almería Stadium y no en mitad de un camino de rosas, sino en una jornada de alta exigencia, como casi todas. Desde el inicio, los granotas se mantuvieron bien replegados atrás. La voluntad de este Levante es de ponerla en valor, donde cualquier jugador se sacrifica, y buena muestra de ello fue ver cómo Brugui y Carlos Álvarez multiplicaron esfuerzos en defensa, en contra de la labor más habitual que acostumbran con destellos en el ataque. Al tener la opción de pillar desprevenido a su rival, se buscaba salir rápido al contraataque, incluso con algunos cambios de orientación como alternativa, pero manteniéndose también alerta el conjunto indálico.
Después de unos compases iniciales de prácticamente total dominio rojiblanco, con una única aproximación finalizada por Bruno Langa, los valencianos se deshicieron de esa presión generando la ocasión más clara de lo que se llevaba de encuentro. Un centro medido de Pampín desde la izquierda y un vuelo en plancha de Iván Romero obligó a Luis Maximiano a estirarse y blocar en dos tiempos con alguna dificultad. A partir de esa acción, llegaron los mejores momentos del Levante, que se mostró más cómodo y con más fluidez en la circulación del esférico.
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Pese a ello, los locales volvieron a las ofensivas tras unos minutos de calma. Las acciones a balón parado, especialmente desde el córner, que llegaron a forzar hasta un total de siete durante el primer tiempo, fueron un sinónimo de peligro. En dos de ellos, Edgar y el exlevantinista Marc Pubill se erigieron en el aire para llevar el peligro. Especialmente reseñable fue este último, que obligó a Iván Romero a disfrazarse de improvisado portero, para despejar in extremis, con el pie y a escasos centímetros de la línea lo que se vislumbraba como el primer tanto de la noche.
Mismos tintes continuaron en la segunda parte, a la espera de que alguno de los 22 futbolistas pasara a ser protagonista con algún gol o por cualquier otro motivo. Y es que un duelo así, quien marcara primero podía decantar la balanza a su favor. Por esta razón, Brugui asumió madera de líder y protagonizó dos llegadas al área del conjunto andaluz que hicieron saltar los «uy» desde las distintas zonas del graderío, tanto del público del Almería como del alrededor del medio millar de levantinistas desplazados desde Valencia.
Una de las figuras destacadas del partido era Ignasi Miquel, que tirando de galones estuvo aprovechando bien la titularidad brindada por su técnico, convirtiéndose en un auténtico frontón junto a Elgezabal. Sin embargo, alcanzado el minuto 80, el fútbol demostró otra vez que se puede pasar del todo a la nada, de ser un héroe al villano particular del encuentro en apenas unos segundos. En uno de los numerosos córners botados por el Almería y en un error impropio de un jugador de su trayectoria, cayó en la trampa de su oponente y lo derribó. Aunque inicialmente Hernández Maeso no consideró penalti, el VAR no daba lugar a las dudas y se señalaba el punto fatídico de los once metros. El killer Luis Suárez asumió la responsabilidad del lanzamiento y no fallaba, para anotar su 22º tanto de lo que va de curso.
El Almería tomaba las riendas del partido y la ventaja en el marcador en un momento crucial, de los psicológicos y de los que es difícil tener capacidad de reacción. Julián Calero aún así salió a depositar las cartas más ofensivas que tenía en su banco. Con Forés y Carlos Espí se pasaba a una doble lanza en ataque y, junto a los jugadores de creación y talento que ya competían sobre el verde, aún se pudo rescatar un botín positivo de esta visita. Sergio Lozano tuvo en sus botas la posibilidad de castigar a Luis Maximiano, pero falta una pizca de acierto.
Ya en tiempo de descuento, en la cabeza de Espí se dispuso del empate como improvisado y desesperado objetivo. Pese a ello, los mejores delanteros o los más efectivos, en ocasiones también fallan. Porque el balón bombeado que le sirvió Morales era como un caramelo en la puerta de salida de un colegio, pero el de Tavernes de la Valldigna le endosó excesiva fuerza y altura y se desaprovechó la última del partido.
Los tres puntos finalmente permanecían en casa del Almería que, gracias a ese solitario tanto de Luis Suárez, ponía el punto y final a la racha triunfal del Levante, hasta la fecha de cinco jornadas consecutivas sumando el más tres. Pero a pesar de ello, a falta de lo que hagan otros rivales durante el domingo, permite permanecer en los puestos más privilegiados de la tabla. Se perdió una batalla, pero no una guerra que sigue muy viva, a falta de nueve jornadas para concluir.
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