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Imagen de Daniel Bowler y Jacqui Birch en Cracovia Imagen Cedida por Daniel Bowler

La aventura humanitaria de dos británicos de la Marina Baixa: «en cada momento que estás allí sólo ves tristeza»

Jacqui Birch y Daniel Bowler recorrieron más de 6.200 kilómetros para llevar material sanitario a Ucrania y siguen recaudando fondos para un nuevo envío

Nicolás Van Looy

Altea

Lunes, 21 de marzo 2022, 11:22

Jacqui Birch es una británica que lleva más de veinte años al frente de Alicante Private Transfers, una empresa de transporte de pasajeros enfocada, como tantos otros negocios en la Marina Baixa, al sector del turismo. Cuando Vladímir Putin decidió invadir Ucrania iniciando una guerra que ha conmocionado a toda Europa, Birch no fue ajena a ese horror y decidió que debía aportar su granito de arena.

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Fue entonces cuando, como explica en conversación con LAS PROVINCIAS, «decidí ir a la farmacia, comprar una bolsa de medicamentos y llevarla a Cáritas, pero pensé que con eso no se iba a arreglar nada, así que decidí hacer algo más».

Esta alteana británica no lo dudó y se lanzó a una aventura mastodóntica: organizar un viaje a la frontera entre Polonia y Ucrania para llevar un cargamento de ayuda humanitaria. «Anuncié través de Facebook que iba a ir. Poco a poco, mis contactos fueron compartiendo esa información y el llamamiento fue creciendo».

La viralización del mensaje consiguió que Jacqui Birch llenara hasta los topes una de las furgonetas de su empresa con material sanitario por valor de 4.555 euros y emprendiera el camino hacia Cracovia. A su lado, como refuerzo de última hora, se sumó Daniel Bowler, también británico residente en la Costa Blanca.

Bowler es muy conocido en su país de origen porque en 2014 fue el ganador del popular talent culinario Master Chef en Reino Unido. Posteriormente, montó su propio restaurante en l’Albir y hoy en día trabaja como cocinero en megayates de lujo alrededor del mundo.

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«Inicialmente, Jacqui tenía la idea de ir sola, pero pronto se dio cuenta de que era un viaje bastante más complicado de lo que pensó y que aquella no era una opción viable. Dos días antes me preguntó si quería ir con ella y fue cuando yo también empecé a trabajar en este proyecto», explica.

Un grupo de refugiados descansa en la estación de Cracovia Imagen cedida por Daniel Bowler

La de Bowler fue, sobre todo, una ayuda moral y de ‘mano de obra’ en el destino porque «yo he conducido cada milímetro de los 6.200 kilómetros de viaje porque él no tiene carnet», presume Jacqui Birch entre risas.

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El dúo tuvo que trabajar contrarreloj. «Pusimos todo en marcha con sólo una semana de antelación. Una amiga de Jacqui tiene un familiar que es cura en Cracovia y, a través de este hombre, pudimos organizar cuál debía ser nuestro destino final de viaje», relata Bowler. Desde ese momento, «movimos todos nuestros contactos tanto entre la sociedad británica como la española» y el resto, como se suele decir, es historia.

El llamamiento tuvo una acogida espectacular. La propia Birch afirma que «la gente ha sido muy generosa. No tengo palabras». Casi una semana después de su regreso, «todavía estoy recibiendo nuevas donaciones», que canalizará en un envío próximo de más material médico, aunque «en esta ocasión, no viajaremos hasta allí, sino que lo enviaremos a través de un transportista».

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El hecho de contar con un contacto en Cracovia fue fundamental para asegurar el éxito de su misión humanitaria. Jacqui Birch explica que «aquel cura, que es de origen ucraniano, me dijo que lo fundamental era conseguir medicamentos y que, si era capaz de reunir el material suficiente, él me indicaría cómo hacerlo llegar a Ucrania. No a la frontera, sino al interior del país».

Pero la solidaridad de Jacqui Birch no se quedó únicamente en la organización y ejecución de su viaje. Tal y como relata su copiloto y compañero de aventura, «ella corrió con todos los gastos del viaje: gasolina, pejaes, hoteles… todo. Y seguro que no es una cantidad pequeña». Jacqui lo confirma y asegura que «no sé cuánto ha sido el gasto exacto. Eso es algo de mi contable… quizás, lo mejor para mi sea no saberlo».

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Tras los preparativos, llegó el momento de ponerse al volante y viajar a la frontera oriental de Europa. Un viaje que, como reconocen ambos protagonistas, no será fácil de olvidar. Daniel Bowler afirma que «la ida fue mucho más fácil, pero el regreso se hizo muy complicado. Fue un viaje de vuelta muy triste. Estuvimos muy callados. Prácticamente, no hablamos nada porque estás pensando en todo lo que has visto. Es algo que te sobrepasa. En cada momento que estás allí, sólo ves tristeza. Menos mal que llevaba siempre la gorra y la mascarilla puesta, porque te emocionas a cada instante».

Birch añade que «quizás fueran prejuicios míos, pero cuando piensas en la palabra refugiado imaginas a gente de Siria o Afganistán, pero no es así. En este caso, son personas que hace un mes estaban comprando en Zara, tomaban un café en Costa Café… en definitiva, son gente que hasta hace un mes tenían una vida como la nuestra».

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Otra imagen que se le ha quedado grabada en la retina a Birch es la de las personas que huyen de la guerra. «Son todos mujeres, niños y personas mayores. No te puedes hacer una idea de cómo está la estación de tren de Cracovia. Simplemente, no se ve el suelo: son todo mantas, cunas para los bebés…».

Pese a todo, entre tanto horror, también hay lecturas positivas. «Me ha impactado mucho el comportamiento de la población polaca. Se están volcando en ayudar en todo lo que pueden, pero Polonia tampoco es un país rico».

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Bowler reafirma ese relato de su compañera y añade que «yo he visto muchas cosas en mi vida. He cocinado para muchas ONG, para gente sin recursos… Vas con el pensamiento de que llegarás, verás lo que hay, te pondrás triste y ya se te pasará; pero la verdad es que no se te pasa».

Tras unos días en casa, Jacqui Birch reconoce que su sensación actual es agridulce. Por supuesto, está satisfecha por haber podido aportar su granito de arena, pero reconoce que en su corazón predomina la sensación de «impotencia por no haber podido hacer más. Es algo que, de verdad, no puedo explicar con palabras».

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