
A barlovento de los algoritmos
ADOLFO MONTALVO
Viernes, 14 de marzo 2025, 23:59
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ADOLFO MONTALVO
Viernes, 14 de marzo 2025, 23:59
A estas alturas todo el mundo ha oído hablar de lo perversos que son los 'algoritmos', esos artefactos del mal que nos manipulan y nos ' ... obligan' a actuar en contra de nuestro beneficio personal.
Habría que aclarar que la famosa inteligencia artificial (IA) actual, que tanto nos asombra, en realidad no está hecha de 'algoritmos', sino de redes neuronales multinivel que 'descubren' patrones extraídos de millones de datos.
Los tecnólogos estamos acostumbrados a que se ponga de moda un término y se le aplique un significado erróneo, algo que lleva a conclusiones falsas que son proclamadas por tropas de indocumentados. Pero ese problema es otro asunto distinto al que hoy me trae por estas páginas de la prensa.
Además de la IA generativa existen, en este caso sí, unos algoritmos cuidadosamente diseñados por empresas comerciales y bancarias para atraer nuestro dinero y atención hacia sus redes y, cuando ya nos tienen pillados, nos 'rematan' dulcemente, sin que nos demos cuenta, y nos colocan sus productos y servicios.
Esos algoritmos, que antiguamente reproducían las tradicionales prácticas comerciales del marketing y del punto de venta, actúan ahora con 'esteroides' de inteligencia artificial.
El comercio trae riqueza y progreso, somos 'homo economicus', según los estudiosos desde el siglo XIX: menos trabajo y mayor beneficio. Hasta aquí todo bien, porque se realiza una actividad en la que todos ganamos, compradores y vendedores.
Estamos acostumbrados a ofertas 2x1, a rebajas y saldos, a programas de fidelización que incitan a comprar. Sabemos que los productos que están situados en las tiendas a la altura de los ojos o en la cabecera de los lineales son aquellos que el comercio quiere vender para optimizar sus beneficios. Admitimos pacíficamente que al buscar un producto de una marca de calidad encontremos en el lugar habitual uno de marca blanca con un empaquetado sospechosamente parecido al que buscamos. O que al entrar en una tienda con rebajas (hasta) el 70% encontremos que el producto del escaparate tan rebajado, justamente se ha agotado. Esto nos lo hacen empresas españolas o europeas con productos de nuestra tierra y nos enfadamos un poco, pero transigimos. Y hacemos bien, porque después de todo el beneficio queda en 'casa', aunque a veces preferiríamos que quedara más en nuestro bolsillo y no tanto en el del vecino.
La potencia y capacidad de observación de nuestros comportamientos y el perfilado extremo de nuestras inquietudes y deseos, nos convierte en objetivos muy vulnerables: las herramientas automatizadas, usando nuestra actividad en redes sociales y acceso a webs y apps, les permiten saber más de nosotros de lo que somos conscientes y los algoritmos lejanos, alimentados con 'nuestras' tradiciones y apariencias, 'nos engañan como a un chino' (perdón por el dicho, porque hay muchos chinos buenos y honrados, pero su cultura es otra).
Cuando ya nos tienen bien perfilados y estamos bien cebaditos es cuando entramos en las redes, listos para el anzuelo y el degüello (es decir, para comprar lo que nos ofertan).
Yo también caigo en las ofertas anzuelo. Por poner un ejemplo reciente, hace unas semanas en una escapada de fin de semana en temporada baja alquilé un coche. La oferta era irresistible: 3 días por 33 euros y si le añadía seguro todo riesgo sin franquicia, 66 euros todo, poco más de 22 euros por día de coche, kilómetros ilimitados y seguro de daños propios sin franquicia. Al llegar a la recogida del coche, la empresa de alquiler me trató de convencer que mi seguro no era fiable y que me hacían una oferta con su seguro quedando todo en 40 euros por día. Estuve tentado de aceptar, pero tenía además el sobrecoste de mi seguro ya pagado (33 euros los 3 días).
Me dieron un coche mejor que el básico reservado, pero le faltaban los 4 tapacubos y las cubiertas de los retrovisores. Todo ello recogido en el parte de entrega según comprobé meticulosamente, a la vez que hacía fotos de llantas, con más de 10 rozaduras cada una y carrocería. Pero al ir a devolver el coche la inspección encontró ¡una nueva rozadura en una de las llantas! El coste que me cargaban era de 90 euros que, si me negaba en ese momento, la empresa de alquiler me retenían 600 euros. La alternativa era pagar y reclamar a mi seguro 'externo'. Tras un 'forcejeo' verbal concluí que esta opción era la de menor riesgo: pagué los 90 euros y reclamé al seguro de la central de reservas. A los 5 días me habían ingresado los 90 euros. Pero hay que decir que tuvo mucho que ver mi meticulosa experiencia en reclamaciones.
Este tipo de incidencias y sobreventas pasan también en empresas como Ryanair, Booking o Amazon. Por no hablar de los chinos Temu o AliExpress, donde me niego a comprar, porque si hay que comprar cosas de China, por lo menos que sea en establecimientos físicos. Y mejor que los productos sean europeos, por favor. Le recomiendo que haga usted lo mismo, querido lector.
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