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El pancatalanismo es costumbrófilo intermitente. Quiero decir, se presenta a sí mismo como defensor de las tradiciones valencianas, pero no de todas; se vende como ... acérrimo defensor de las instituciones bajomedievales, pero es contrario a que la Real Señera entre los 9 de octubre en la catedral para la celebración del Te Deum cuyo origen se remonta a los tiempos de la Reconquista. O prioriza sin tapujos la denominación moderna de «país valenciano» para nuestro territorio sobre la histórica, y vigente durante seis siglos, de «Reino de Valencia». Es oportuno en este punto corregir el error popular inducido de que esta denominación fue suprimida definitivamente por el rey Felipe V. El catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Cardenal Herrera-CEU Federico Martínez Roda en su «La división provincial y el final del Reino de Valencia (1810-1833)» afirma que «en 1707 había desaparecido el conjunto político-institucional del Reino de Valencia basado en el régimen foral pero no la unidad territorial, además, se había mantenido el nombre Reino de Valencia para denominar a la Capitanía General e Intendencia cuyo territorio correspondía exactamente con el Reino de Valencia foral». Más tarde, en 1833, el decreto del ministro de Hacienda Javier de Burgos que dividía en provincias España siguió utilizando el término histórico; aunque, en opinión del catedrático de Derecho José María Boquera, aquel cuerpo legislativo reconocía «que [existía] un vínculo histórico y sentimental entre las tierras y pobladores de Alicante, Castellón y Valencia», no lo resucitaba. Podría apuntarse a esta reforma territorial como la responsable de su fin formal.
Ahora bien, la incoherencia sucursalista se hace más patente en las cuestiones lingüísticas. Así, según su criterio, los valencianohablantes han de someterse al uso de arcaísmos como «aquest» o «doncs», pero borrar de cualquier texto las «-ch» finales o las valencianísimas íes griegas de los topónimos de «Alcoy» o «Aldaya». Además, todos tienen que declamar engolados «amb», la ocurrencia de un químico catalán. Entonces, ¿qué hacer ante tal panorama de confusión con el controvertido topónimo de la capital autonómica? Si fuéramos verdaderamente fieles a la tradición gráfica, siempre escribiríamos «Valencia». Mas si mantenemos la voluntad de desdoblarlo en dos versiones, castellana y valenciana, debe quedar «Valencia/Valéncia». Porque, frente al criterio chapucero de la AVL, los acentos gráficos marcan la vocal tónica y la forma en la que la pronuncian los usuarios vivos del idioma, no aquello que convenga a cuatro pedantes con negocios editoriales.
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