Te emocionas leyendo que del hospital La Fe no se va a salvar del derribo ni el rótulo, y pasas página del periódico y lees ... que «los médicos de Requena no acceden al historial de los enfermos de Cuenca». Hala, toma. En La Fe se hicieron cientos de trasplantes, se trabajó con la más moderna tecnología; pero no estamos preparados, no tenemos ciencia, para bajar un rótulo de tres metros de una fachada; o para hacer compatibles -¿cuántos años llevamos así?- dos sistemas informáticos de a peseta, que hasta un adolescente sabría clonar... A veces pienso que lo que falta son redaños. Energía. Un conseller que diga: «Mira, Manolo, mañana viernes, antes de mediodía, quiero esas letras de LA FE en el suelo. Y me hacéis gratis un proyecto para ubicarlas en el jardín...». Pero ya no se trabaja así, y de donde no hay no se puede sacar. Estamos metidos de lleno en la sociedad del buenismo, andamos de apóstoles de lo cauteloso, lo tibio y lo blandito, y a nadie le llama la atención la trampa inicial: que para quitar el amianto que dicen que tiene un edificio haya que quitar ¡todo! el edificio.
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Pero la vida es así. En la riada de 1957, el alcalde y el gobernador quedaron aislados en la comandancia de Marina y hubo que buscar con mucho apuro un camión grande, de ejes muy altos, para poder rescatarlos. Bueno, pues han tenido que pasar 68 años, tío, 68 años y una nueva inundación, para que la comisión de investigación del Ayuntamiento haya llegado a la conclusión de que la Policía Local debería tener vehículos de ejes altos, y lanchas neumáticas, para casos de riada... y para lucir en la Cabalgata de Reyes. Catarroja descoberta! Vamos aprendiendo, aunque sea despacio y a golpe de riadas, y se van viendo ya los primeros derribos de ruinas imposibles dejadas por la inundación. Algún atisbo de realismo se impone, alguna lección vamos aprendiendo, mientras el paisaje se configura con trazos naturalistas: no sueñen más, las cosas son como son. Vivimos en una zona inundable; de modo que o te quitas tú de en medio o quitas el cauce del rio...
Por lo demás, está claro que habrá un día en que el PSPV-PSOE y Compromís se cansaran de perseguir a Mazón. Ha de pasar, se cansarán hasta los periodistas. Ya se sabe que la delegada del Gobierno, aquel día maldito, comió un bocadillo, camino de Utiel; pero cuando aclaremos el dato de si fue de mortadela o embutido, recobraremos la calma y empezaremos a hacer escaleras de emergencia desde las plantas bajas a los primeros pisos.
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