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El presidente del Gobierno ha vuelto a activar su política del chantaje. En esta ocasión, con la búsqueda del apoyo de los independentistas catalanes a ... su gobierno como prioridad; con la condenación de la deuda de las autonomías de fondo, y, por encima de todo, con el objetivo final de aferrarse al poder. Como viene demostrando durante toda la legislatura, vivimos instalados en el alambre. Siempre caminando sobre estrategias maquiavélicas. En este caso, lo dijo ayer sin sonrojo la ministra portavoz al PP: «Tiene que elegir entre condonar deuda o condenar a los ciudadanos». Un chantaje que es inmoral, al menos para los valencianos. Una comunidad por todos reconocida como la peor financiada y que, ahora, está absolutamente castigada por la dana. E indecente, además, porque la quita sigue siendo tremendamente insuficiente para la situación de una autonomía que, a unos y a otros, sólo les interesa para juguetear con ella en beneficio propio. Tener o retener el poder a costa de los valencianos. Mal. Fatal. De un sorbo y sin azucarillo.
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