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Cuando veo a la vicepresidenta Montero, me entran ganas de decir «póngame lo mismo que a ella», como en la mítica escena de la película ' ... Cuando Harry encontró a Sally'. No hablamos de restaurantes ni de exaltaciones orgásmicas, pero sí de un nivel de energía y de vitalidad que para mí quisiera cada mañana. ¿Qué toma Montero antes de salir a un mitin o una comparecencia? ¿Horchata, buñuelos con chocolate, coca de llanda? Quiero el teléfono de su nutricionista ahora mismo. No tanto para llamarle como para no cogerle el teléfono si lo hace él. Sospecho que el pavo con aguacate no tiene el mismo efecto en esa euforia desmedida, en ese entusiasmo fuera de toda lógica y mesura que le hace decir cosas descontroladas. Mi duda es si el descontrol es por decirlo o por pensarlo. En su última intervención -diría que se metió un arnadí entre pecho y espalda antes de coger el micrófono- tuvo para todos. Para la Justicia, por no ajustar los hechos ni las pruebas a la ideología en el caso Alves, y para las universidades privadas a las que acusó, nada menos, que de ser el principal enemigo del obrero. Al parecer a la clase obrera no la amenazan la precariedad, los contratos temporales, la imposibilidad de conciliar, la escasez de vivienda o los precios desorbitados de los suministros básicos. Lo hace la universidad privada que no consume recursos del Estado. Vaya por Dios. Según Montero, porque en ella los niños bien compran los títulos, mientras que a los de familia obrera... se los compramos entre todos. Al menos, se los pagamos entre todos. En realidad, el Estado tiene mecanismos para asegurarse de que en ninguna universidad se regalen títulos. Ni siquiera en alguna facultad de Políticas donde la ideología del Amado Líder marca la senda de baldosas amarillas.
¿Pero no habíamos quedado en combatir la meritocracia? ¿En que el ascenso social por la educación era un mito? ¿En que la desigualdad no se podía vincular al esfuerzo personal? Entonces, ¿a qué viene preocuparse por un papelito firmado por el Jefe del Estado donde dice que fulanita es graduada en esto o aquello? ¿No defendíamos una FP sólida y competitiva? ¿No será peor enemigo del obrero que denostemos esa formación respecto a la universitaria como si fuera de segunda división? ¿Cómo si el papelito fuera lo único que demuestra la competencia de una persona? Sospecho que Montero en campaña va a ser nuestra Elon Musk, provocando incendios en cada tuit y en cada intervención pública. Un año nos queda para las andaluzas. A Juanma Moreno le basta con sacar las palomitas.
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