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La gran suerte de los de mi generación es que, por una vez, casi de manera excepcional, no conocimos ni el horror de la guerra ... ni los terribles rigores de la posguerra. Nuestros abuelos, cuando observaban que abandonábamos algo caprichosos una parte de la pitanza, lanzaban ese lamento que nos sonaba muy rancio, lo de «cómo se nota que no habéis conocido la guerra». Ni ganas tampoco, aunque algunos compañeros insinúan con cierto romanticismo idiota que sólo una guerra nos coloca en nuestro sitio. En ese caso prefiero que no nos coloquen en nuestro sitio, gracias.Reverbera una extraña tamborrada guerrera y algunos servicios secretos (el alemán, por ejemplo), aseguran que Putin, tras zamparse a Ucrania, continuará con su expansión. Por lo tanto, más temprano que tarde, recuperaremos las tempestades de acero glosadas por Ernst Jünger. Estas predicciones resultan un tantoapocalípticas, y algunos gobiernos (el

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