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BURGUERA
Domingo, 26 de febrero 2023, 01:10
Gobierno central y Consell se enfrentan a sus últimos meses antes de las elecciones. Llegan a las urnas con asuntos pendientes de resolver o que, ... directamente, no pueden arreglar fácilmente y sirven a la oposición de arma política arrojadiza. Llámese ley del sí es sí, o caso Azud; dígase diferencias irreconciliables entre miembros de la coalición, o la gestión del tren que acabó en mitad del incendio de Bejís, o la ley trans, o el recorte del trasvase, o el derecho civil valenciano... Y frente a todo eso, tanto el presidente del Ejecutivo central, Pedro Sánchez, como el jefe del Consell, Ximo Puig, han decidido prestar toda su atención a los números, las cifras, los datos, la economía. Y frente a lo demás, amnesia.
Pedro Sánchez tiene piedras en los zapatos que le molestan en su camino hacia las elecciones que previsiblemente se celebrarán a finales de año. La reforma de la ley del solo sí es sí puede acabar dependiendo del PP, las concesiones al independentismo a cambio del apoyo a ERC se vigilan con lupa, la resaca de la ley trans puede empeorar a medida que el calendario se acerca al 8M y las feministas cobran mayor protagonismo en la agenda política, mientras que el envío de armas a Ucrania tiene a los socios del PSOE de uñas. Los populares arremeten contra Sánchez, que ha decidido poblar la agenda política de datos económicos.
Moncloa apuesta por anuncios como los 2.500 millones de euros para becas, el aumento del 8,5% de las pensiones, la contención de la inflación, el salario mínimo o los fondos europeos. Si a todo eso se suma la cobertura institucional en la que Sánchez pretende envolverse cuando España asuma la próxima Presidencia del Consejo de la UE entre julio y diciembre de 2023, el antídoto contra los males que aquejan al Gobierno estaría preparado, según los asesores que esculpen el argumentario presidencial.
En términos futbolísticos, el jefe del Consell adopta un esquema táctico similar. Si Sánchez juega con un sistema 4-3-3 con los extremos bien abiertos, Puig está en la misma onda. Quedan 90 días para las elecciones, otra cifra nada casual para explicar la coincidencia en una estrategia que se consolida semana a semana.
Primera sesión de control del año en Les Corts a Ximo Puig. 25 de enero. Un asunto judicial llamado Azud ha cobrado aspecto de monstruo que amenaza con situar al PSPV al margen de la legalidad en lo que se refiere a su financiación. Un trasvase al Tajo-Segura ha recibido una estocada mortal de necesidad gracias a la presión de Page y la connivencia del Gobierno central engañando al Consell, que un mes más tarde ha puesto el asunto en manos de los juzgados. Con ese panorama se plantó Puig en el parlamento, y cuando se le preguntó por estos asuntos, el presidente hizo referencia a la rebaja del transporte a los jóvenes, ayudas a comedor y libros de texto, bajada de impuestos, refuerzo de las plantillas sanitarias, bonoviaje para impulsar el turismo... «y hoy, la gran noticia, es que los pensionistas cobrarán el 8,5% más».
Segunda sesión de control a Puig en Les Corts. 9 de enero. Azud sigue pululando, esta vez con contratos públicos al yerno de Pepe Cataluña, extesorero del PSPV y cabecilla de la trama investigada. «No existe Azud ni existe Bejís», señalaba la síndica del PP, María José Catalá. El presidente Puig no entró al trapo, y respondió con los datos del paro, exportaciones, inversiones extranjeras, traslado de empresas entre autonomías, trasvases de hectómetros por el trasvase Tajo Segura, inversión social, renta mínima, dependencia... y el PSPV aplaude cada dato y grita «Olé»... y acaba Puig: «Les duele en el alma la verdad».
Tercera y última visita de Puig a Les Corts, esta misma semana. El presidente ya no tendrá que volver a pasar por el control de la oposición en el legislativo, pero el trámite tenía que superarlo. El asunto por el que se interrogó el jefe del Consell fue por la actuación desde Emergencias cuando un tren acabó rodeado por las llamas del incendio que se registró en la zona de Bejís el pasado mes de agosto, dejando graves heridos. Y ante ello, Puig recurrió a los datos de extinción de incendios, asegurando que habían triplicado los recursos. La idea es que el dato mata al relato.
Puig y el tripartito transitan entre cifras económicas y las referencias a los casos de corrupción del PP como antídotos a las críticas por esos asuntos que se le enquistan al Consell. Datos positivos porque los números son tan sufridos como interpretables. La deuda de la Generalitat es escalofriante, pero de eso el Consell habla entre poco o nada, o de la saturación del sistema sanitario, sangrante e indiscutible. Fuentes del Consell admiten que el presidente se centra en replicar a la oposición con «gestión, gestión y gestión».
Las mismas fuentes consideran que la oposición centra su discurso de erosión al Consell en «ataques personales». Así se interpreta las críticas a la gestión de Bravo en las Emergencias que no avisaron al tren de Bejís de que iba directo a las llamas, o la reclamación de explicaciones sobre asuntos como el caso Azud o la judicialización de las ayudas públicas a Francis Puig, hermano del jefe del Consell. «Buscan que el presidente salte», señalan desde su entorno en el Gobierno autonómico, un círculo muy confiado en que la figura de Puig es sólida y que no le conviene entrar en el cuerpo a cuerpo: «Sánchez tiene un 'alter ego' potenciado por el ecosistema mediático de Madrid, que es Feijóo, pero en el caso de Mazón, no puede confrontar».
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