Urgente El sumario de la dana recoge cómo murieron decenas de personas antes del SMS de alerta
Luis Canut, en su casa de Valencia, esta misma semana, y más de un año después de que le detectaran una meningitis. PATRICIA PÉREZ

Luis Canut: «La enfermedad me ha hecho más humilde con el significado de la felicidad»

El guionista sufrió una meningitis por la que estuvo hospitalizado durante cinco meses, y que le ha provocado secuelas que todavía arrastra. El hermano de Nacho Canut afronta ahora la vida con mayor serenidad y agradecido por el apoyo que le ha brindado su mujer, la presentadora Patricia Pérez. «Ella me ha salvado la vida», asegura

Viernes, 8 de marzo 2024, 01:51

Luis Canut no puede observarse en las fotos que ilustran esta entrevista porque apenas ve contornos. Se las ha hecho su mujer, Patricia Pérez, en ... su casa de Valencia, un día de esta misma semana, después de relatar el infierno por el que ha pasado, aunque él no lo califique así porque no recuerda casi nada de los cinco meses que pasó en el hospital La Fe afectado por una meningitis que casi le cuesta la vida y del que arrastra numerosas secuelas de las que está recuperándose con una valentía admirable. El guionista y director -está detrás de algunos de los programas más conocidos de la televisión- es conocido además por ser hermano de Nacho Canut, la otra mitad de Fangoria junto a Alaska, y pertenece a una de las familias valencianas con más solera.

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-¿Qué le ocurrió?

-Cuando mis perros murieron empecé con dolores de cabeza, a estar flojo, irascible… hasta que un día, coincidiendo con la muerte de mi perra, me explotó la cabeza.

-Quien le conozca por su cuenta de Instagram había visto a sus perros. ¿Qué les pasó?

-Tengo un vídeo pendiente para contarlo, pero quiero estar emocionalmente tranquilo; para mí fue un palo muy gordo. Murieron los tres muy seguidos, y no lo esperábamos. Vicky fue la primera, de repente; al mes murió Ponce por un cáncer de páncreas y Mati cayó en depresión: no quería comer ni salir a pasear, sólo quería estar en la cama de Vicky. Llegó un momento en que no le interesaba este planeta y tuvimos que dejarla ir. Ese día me fui a urgencias y ya no volví.

-Ha hablado del apoyo que ha tenido por parte de su mujer, Patricia Pérez.

-A mí Patricia me salvó la vida, y no es una cosa romántica, sino que es real, porque desde el primer minuto supo que algo me pasaba e insistió mucho en que me hiciesen ciertas pruebas para diagnosticarme. Yo tenía un dolor de cabeza y como se acababan de morir mis perros, me decían que tenía cefaleas por estrés emocional. Cuando vino medicina interna por la insistencia de Patricia y me hicieron una punción lumbar, pensaron que la prueba estaba contaminada porque salía una levadura muy rara.

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-Dice que no le ha dejado en ningún momento, que ha estado todos estos meses a su lado.

-Ni un solo día. Hay un médico que es especialista en la Universidad de Harvard que llegó a la conclusión de que la felicidad depende de la conexión de los seres humanos, de querer y de sentirse querido, y eso es lo que he vivido durante estos meses. En el hospital he tenido episodios paranoides, la fuerte medicación me ha afectado en algunos momentos al carácter y sólo recuerdo buenas caras y muchísimo cariño. Sin vista, yo notaba que siempre estaba en contacto físico conmigo para que me sintiese acompañado. Todo este tipo de cosas creo que es lo que a mí me han salvado, así que ahora voy a luchar por seguir disfrutando de ella y de la vida que tenía.

-¿Le dijeron a su mujer que su vida corría peligro?

-Es una pregunta que no le he hecho a Patricia nunca, pero sí. Porque yo estuve en una situación extremadamente grave, ya no solamente por el hecho de que mi vida corriera peligro, sino que hubo un momento en que le dijeron que tenía daños estructurales en el cerebro.

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-Eso son secuelas permanentes, ¿no?

-Daños estructurales. De hecho, cada mes o dos meses me hacen resonancias magnéticas porque yo tengo cicatrices en el cerebro, y tienen que controlar la inflamación. Lo que sí le dijeron a Patricia fue: «prepárate por lo que pueda pasar, no solamente mañana, sino también en el futuro».

«Voy a seguir trabajando para estar bien, para no ser una persona dependiente»

-¿Está luchando por recuperar su vida anterior?

-Es que yo no tomo referencias del pasado ya.

-¿Ha querido empezar de cero?

-Le dije al neurólogo que yo lo que quería era recuperarme, que iba a hacer lo que fuera necesario. Él me aconsejó rehabilitación cognitiva, ejercicio… y durante meses he estado trabajando intensivamente porque quería eliminar todas las secuelas que pudiese. No sabía cuáles iban a desaparecer y cuáles no, pero estoy muy recuperado porque he trabajado mucho para llegar adonde estoy ahora mismo. Además, quiero seguir mejorando.

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-Es que es muy joven.

-Tengo 55 años, pero aunque tuviera más, voy a trabajar por estar bien, por no ser una persona dependiente, por no estar en una silla de ruedas, por oír mejor. A mí no se me nota, pero una pierna no la siento del todo, y no soy tan rápido como era antes. Así y todo, cuando me dijeron que estaba completamente recuperado a nivel cognitivo fue una alegría inmensa.

El perfil de Luis Canut

Luis Canut es guionista y director de programas de televisión en las principales cadenas nacionales. Ha escrito 'El hombre valenciano que quiso ser fallera', una novela en el que aparece su lado más cómico, ese en el que Luis Canut siempre se ha sentido cómodo, y que ahora le ha servido para relativizar. Además, trabaja junto a su mujer para un laboratorio de suplementación natural llamado Mahen, donde ella tiene línea propia.

-¿Piensa en qué quiere hacer a nivel profesional?

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-Tengo una terapia semanal con una neuropsicóloga que me está ayudando en ese sentido. He empezado a escribir de nuevo; eso sí, a un ritmo totalmente diferente, con el que disfruto. Patricia y yo trabajamos en una línea propia de suplementación natural para un laboratorio, y en el aspecto económico estamos cubiertos. Por ese motivo, porque sé que lo que me pasó fue por estrés, porque mi sistema inmune se debilita, no me gustaría volver a lo mismo. He aprendido una nueva vida.

-¿En qué consiste?

-Es una vida muy contemplativa, la que he hecho estos meses. Al principio por obligación porque no oía ni veía, así que ni podía mirar la televisión ni tampoco leer o escribir. Estaba sentado en mi butaca haciendo meditaciones o con la cabeza tranquila, trabajando para que mi cerebro se fuese desinflamando. Y, oye, me ha dado otro enfoque. De hecho, soy bastante más humilde con lo que significa la felicidad. No necesito tanto y estoy muy bien, y el futuro me deparará lo que me quiera deparar. Tenía una novela muy avanzada cuando me puse enfermo pero no me apetece seguirla, así que he empezado de cero. Tranquilamente.

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-No es el mismo.

-Yo creo que soy mejor ahora, ¡soy más simpático! (ríe) Estaba más estresado, luchaba contra la novela, me metía demasiada presión. Ahora no tengo prisa para nada, el único problema que tengo es con las bicicletas y patinetes... (bromea). He cambiado mucho. Estoy tranquilo.

-¿Volverá a tener perro?

-Sinceramente, ahora mismo no puedo. Además, tengo que empezar una relación nueva con los perros; querernos igual, pero entender que somos razas diferentes, y tratarnos con menos intensidad.

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-Hay gente que le pide que vuelva a su versión más cómica, esa que nos ha hecho reír tanto por las redes...

-Yo nunca tuve una cuenta porque quisiese hacer reír. Ahí soy como soy, y lo hacía para entretenerme yo y que se entretuviera mi mujer. Ni pretendo volver con o sin humor, sino que subiré vídeos cuando me apetezca sin presiones, y si la gente los disfruta bienvenido sea. Ahora sí, Instagram me ha dado una lección, porque nunca podía suponer que tanta gente me quisiera. Tengo una carrera profesional detrás de las cámaras, no soy un personaje público, pero en mi cuenta hay más de dos mil comentarios alegrándose de mi recuperación. Todavía no lo puedo creer. No puedo todavía escribir, y doy corazones para que la gente sepa que les he leído, pero parece que he superado el máximo número de corazones que podía dar... (ríe).

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