Urgente Muere el histórico promotor valenciano Salvador Vila
Foro Retos Sociales

«No nos hemos tomado muy en serio la educación de los adolescentes»

José Antonio Marina, filósofo y escritor

Lunes, 18 de diciembre 2023

Ya cumplidos los 84 años, José Antonio Marina está plenamente activo, dando conferencias, escribiendo y, sobre todo, estudiando. Lo hace durante cuatro horas al día ... porque, como él mismo asegura, el conocimiento es un placer en sí mismo, y las ganas de aprender, una condición innata al ser humano que el actual sistema educativo se encarga de hacer desaparecer. Marina ha estudiado cómo funciona la inteligencia y cree que ahora mismo estamos en un momento de «alarma educativa» en toda Europa.

Publicidad

–¿Por qué un filósofo decide en algún momento que le interesa la educación?

–Yo creo que la educación es algo que nos interesa a todos porque en realidad lo que nos define a los seres humanos no es que seamos más listos… Lo que nos define es que somos la única especie que educa a sus crías, lo que nos permite transmitir la cultura de una generación a otra y mejorar nuestra inteligencia, nuestras costumbres, nuestras instituciones… Por ese motivo a todas las personas debería interesarles la educación.

–En este discurso pone el foco en los maestros, y dice que deberían ser la élite de la sociedad. ¿Por qué todavía no lo hemos conseguido?

–Se habla de que hemos entrado en la sociedad de la tecnología, o en la sociedad del conocimiento. Pero donde hemos entrado realmente es en la sociedad del aprendizaje, donde todos vamos a tener que estar aprendiendo siempre si no queremos quedarnos marginados porque la sociedad avanza muy rápidamente. Ahora decimos con muchísima frivolidad que el 60% de los puestos de trabajo en los que van a trabajar los chicos que están ahora en la escuela no se han inventado. Pero es que es una realidad. Por eso el docente es tan sumamente importante. Y porque me lo pidió el ministro de Educación hace unos años hice un libro blanco sobre la profesión docente donde insistía en que la formación del profesorado era excepcionalmente importante, y que en España nunca se había cuidado esa formación.

–Hay buenos profesores en las aulas, que tienen vocación.

–Hay profesores estupendos pero todos son autodidactas. El sistema de formación del profesorado era fatal y sigue siendo fatal. Porque si es una profesión de élite tenemos que atraer a gente que mejore la educación, y que sea una profesión prestigiosa con una formación muy exigente porque su trabajo va a ser muy exigente. Por eso habría que elevar la nota de corte de las escuelas de Magisterio porque necesitamos que vengan los grandes talentos.

Publicidad

–¿Qué otras medidas creen que serían necesarias? Otros países han conseguido elevar la percepción que tiene la sociedad sobre la profesión de maestro.

–En primer lugar, necesitamos prestigiar la formación por la calidad de la profesión. Y tenemos que saberlo explicarlo. Hay una ruptura en España entre la escuela y la familia que es muy perjudicial para los alumnos. La familia no acaba de confiar en la escuela, cuando deberían ir de la mano.

–Hay dos corrientes polarizadas de cómo debe ser la educación. Una con mayor atención a los contenidos, otra más renovada. ¿Cuál es la correcta, en su opinión?

–Como tú dices, hay dos modelos. La escuela antigua, la que estaba centrada en el docente, los deberes, el aprendizaje memorístico y la autoridad, y la escuela moderna, que estaba centrada en el alumno, en los derechos y en la creatividad, con un desprecio de la memoria. Y de ahí salía una cosa muy triste y casi trágica, y es que al enfrentarse esos dos modelos nos adentrábamos en una historia de buenos y malos en la que ninguno de los dos tiene razón.

Publicidad

–¿Por qué?

–No se puede pensar que el alumno va a opinar sobre lo que va a aprender porque no lo sabe. No podemos fiarnos solamente de la creatividad, porque la creatividad se hace a partir de la memoria, y no podemos fiarnos solo de los deberes porque también hay que enseñar los derechos, de manera que hemos hecho una especie de caricatura de la educación en que hemos rechazado un montón de cosas que eran muy válidas y hemos creado otra serie de cosas que no hemos evaluado ni comprobado.

–Usted hablará en la conferencia organizada por LAS PROVINCIAS este lunes sobre la educación de los adolescentes. ¿En qué sentido?

–El problema que tenemos ahora es la educación de los adolescentes. La sociedad actual, y no sólo en España, no sabe qué hacer con ellos. Durante la adolescencia, se tiene que preparar para los tres grandes objetivos que tenemos: en primer lugar desarrollar su personalidad, prepararle para el mundo del trabajo y, por último, formar buenos ciudadanos. Y la realidad es que no nos hemos tomado muy en serio el tema de educarlos. Ahora sabemos muchas más cosas, entre ellas que hay dos edades de oro en el aprendizaje, de 0 a 5 años, y de 16 a 18. En esa edad se produce una renovación profunda del cerebro y tenemos que aprovecharlo, porque se vuelve más rápido y potente. Además, tienen que aprender a manejarlo.

Publicidad

–Mantener la capacidad de asombro, de atención. Parece bastante complicado en la realidad que viven los adolescentes.

–Hasta que ves un profesor que sabe hacerlo porque tiene recursos. Resulta muy atractivo para los alumnos que cuando tú sabes lo que quieres que aprendan, en vez de dárselo en un programa de preguntas y respuestas, introduces todo eso dentro de un proyecto, y se dan cuenta de que lo que están aprendiendo vale para algo. Si lo planteas bien los chicos van como motos.

–En la universidad se quejan de que los alumnos son muy pasivos, preguntan todo el tiempo qué tenían que hacer, si algo iba para examen o no.

–No damos la suficiente importancia no a estudiar algo, sino a qué saber hacer con lo que han aprendido. Las fórmulas químicas, por ejemplo. Los programas educativos están muy mal hechos porque suelen ser muy amplios y todos los profesores en secundaria están siempre con el miedo de no llegar a todo y no tienen tiempo de ejercitar lo aprendido. Y si no lo ponen en práctica, habrán retenido para el examen y poco más. Cuando hacemos un examen a principio de curso para ver de qué se acuerdan del año anterior los resultados son absolutamente demoledores. ¿Qué pasa? Que cuando llegan a la universidad siguen todavía con mentalidad de niños de colegio. No les hemos enseñado a estudiar, a distinguir lo importante de lo secundario, a resumir las cosas. A veces ni siquiera la comprensión lectora.

Publicidad

–¿La introducción de las nuevas tecnologías en las aulas ha sido como un elefante en cacharrería?

–La tecnología se usa como fuentes de información y nuestros alumnos tienen más datos de los que pueden metabolizar. De hecho, con toda esa información y un corta y pega pueden hacer cosas fantásticas sin enterarse de nada. Lo que necesitamos es introducir las nuevas tecnologías dentro del proceso de aprendizaje, y no como sustituto de un libro de texto con el que se extiende la idea de para qué lo voy a aprender si lo voy a encontrar. Eso es el camino directo al analfabetismo.

–¿Cree que las instituciones educativas no están atentas a lo que está sucediendo?

–En un momento como el de ahora me parece estúpido y ofensivo que se sobrecargue a un Ministerio de Educación con la portavocía y con deportes. ¿Es que no tiene bastante trabajo? Es un descrédito hacia un área tan importante. Todas las naciones están en estado de alarma educativa, y los que no lo están, pues fatal, porque nos vamos a quedar marginados.

Noticia Patrocinada

–¿Marginados en qué sentido?

–Estamos sometidos a la ley universal del aprendizaje que dice que toda persona, organización o sociedad, para sobrevivir, necesita aprender a la misma velocidad a la que cambia el entorno, y si quiere progresar, incluso más rápido. En España, que perdimos el tren de la ilustración, que perdimos también el de la industrialización, si perdemos el tren del aprendizaje estamos condenados a ser el bar de copas de Europa, y no me parece un futuro muy halagüeño.

«Los docentes deberían acceder a la profesión tras un MIR como los médicos»

«Hasta ahora hemos seleccionado a los docentes por pruebas teóricas, así que no tenemos ni idea de si una persona que es muy brillante haciendo un ejercicio escrito luego va a ser un desastre cuando se tenga que enfrentar a una clase. Deberíamos copiar algo de los que copian otras profesiones, concretamente la de médico, en la que no sólo tienen que terminar la carrera, sino que además tienen que estar en un periodo de prácticas donde terminan su formación. Yo proponía unperiodo parecido al MIR, y durante dos años estuvieran ya trabajando con su sueldo durante un periodo de formación bajo la dirección de tutores muy bien preparados, la élite del profesorado, que saben cosas que es muy difícil aprender, por ejemplo cómo mantener la disciplina en el aula. Eso no se estudia en la facultad.Esas cosas hay que aprenderlas en la práctica, como una operación de apendicitis».

Este contenido es exclusivo para suscriptores

Suscríbete a Las Provincias: 3 meses por 1€

Publicidad