F. R.
VALENCIA.
Lunes, 1 de noviembre 2021
Xenillet es, posiblemente, el barrio más depauperado de Torrent. Edificaciones viejas y más que descuidadas, con la suciedad a la vista, conviven con inodoros por las calles y sillas apoyadas en la fachada, como sucede en la calle Malvarrosa. Utilitarios comparten aparcamiento en la vía pública con coches de marcas alemanas de alta gama, y todo ello en medio de una falta de limpieza más que notoria: las aceras y la calzada están llenas de bolsas, botellas de plástico, botes de bebida, envases de postre, papeles. «Aquí no parece que venga el servicio municipal de limpieza», comenta un visitante ocasional que se ha metido en la calle Albades por error.
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Xenillet es el barrio en el que se gestó la animadversión entre los dos clanes que ayer protagonizaron el enfrentamiento en el cementerio parroquial de Torrent, los 'Marco' y los 'Bocanegra'.
En febrero de 2016 se produjo una reyerta en la calle del Xenillet entre los dos clanes. Ayer los 'Bocanegra' fueron los verdugos, presuntamente, y hace cinco años, las víctimas. Ojo por ojo, diente por diente. Entonces parece ser que se intentó matar a Ramón G. M., apodado 'Bocanegra', y su hijo. Fue detenido Antonio Nicomedes G. M., de los 'Marco'.
El motivo de aquel tiroteo varía: desde una trifulca causada por ventosidades, pasando por la devolución de una agresión previa recibida por un sobrino, mientras que la policía no descartaba, no obstante, que la agresión fuera el resultado de un ajuste de cuentas relacionado con asuntos de drogas. Para calmar los ánimos y evitar el roce entre clanes, la comunidad gitana del Xenillet impuso su ley y desterró a las familias de los detenidos por el tiroteo: los 'Marco'.
Ayer, tras el tiroteo del cementerio había calma en el Xenillet. Pese a que desde el Ayuntamiento de Torrent se había comunicado a la oposición que se iban a establecer controles, la policía no tomó el barrio. Un hombre maduro saboreaba una cerveza sentado en un banco roto en la calle Xenillet. «Aquí no hay ningún despliegue policial. Han pasado dos coches de la Policía Nacional, se han dado un par de vueltas y ni han parado», afirma.
Mientras, se acercó a pasos pequeños e inseguros, arrastrando los pies, un hombre de tez morena. Flaco, encogido sobre sí mismo, recordaba a un faquir. Más que hablar, mascullaba mientras chupaba un polo de limón. No se le entendía nada. Daba la sensación de ser un hombre comido por la droga.
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