José, el padre del pequeño Julen, lleva desde el domingo durmiendo junto a su mujer en un coche, cerca del agujero donde su hijo cayó durante un día de campo en Totalán. «¿Dónde voy a estar si no? Aquí donde estoy y, aun así, estoy demasiado lejos de él», asegura José al otro lado del teléfono, roto de dolor, durante una conversación de unos cinco minutos con SUR en la mañana de este martes
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José repite desolado y con la voz entrecortada la misma idea: «Nos faltan medios. Sé que no paran, pero mi hijo está ahí y no consiguen llegar hasta él».
Apenas puede hablar de lo que ocurrió el pasado domingo. «Ya se ha contado todo». Asegura que él no vio al niño caer, pero que sí lo escuchó llorar. «Se separó unos metros de nosotros y cayó por el agujero. Yo fui corriendo y le dije 'Tranquilo, tranquilo, que el hermano nos va a ayudar (en referencia al hermano mayor que falleció en 2017). Aparté como pude todas las piedras que había para que no cayeran dentro del agujero. Yo escuchaba a mi hijo llorar, pero no podía hacer nada».
José agradece el calor de su barrio de El Palo, de la ciudadanía y de la gente que los conoce y que les está apoyando y solo desea que todo termine pronto.
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