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Tres generaciones. Padre, hijo y nieto construyen una pared de piedra en seco para sujetar la tierra en un desnivel de esta viña de Caudete. :: H. A.
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Fuvama potencia la construcción de muros de piedra en seco para frenar la erosión y facilitar que el agua se infiltre La familia Julián muestra en Caudete de las Fuentes el arte de construir útiles y recios muros con los propios ripios de los campos

VICENTE LLADRÓ

Jueves, 25 de julio 2013, 03:09

La Fundación Valenciana de Agricultura y Medio Ambiente (Fuvama) se ha sumado a las estrategias de protección medioambiental que se conocen en el ámbito europeo bajo el concepto de 'custodia del territorio'. Se trata de potenciar con ello actividades que promuevan la preservación de los valores naturales y en el caso de Fuvama se pone el énfasis en destacar prácticas de agricultores, de forma individual o colectiva, que, además de cumplir con dichos principios, tienen una utilidad cuantificable en términos económicos y directamente relacionada con el propio ejercicio de llevar adelante cultivos de los que depende su sustento.

En este marco se encuadra precisamente lo que han venido realizando desde siempre los viticultores de la familia Julián, de Caudete de las Fuentes, con el sabio manejo de las piedras de sus campos para componer con ellas prácticas hormas de mampostería seca que delimitan fincas, frenan la erosión del terreno, retienen el agua de lluvia y ofrecen además múltiples huecos en los que se refugia una variada fauna beneficiosa para el buen desarrollo de las plantas cultivadas.

Luis Julián tiene 35 años y es delegado de AVA en la comarca de Utiel-Requena. Su explotación agraria la componen sobre todo viñas, almendros, olivar y algo de cereal. Aprendió a manejar la piedra desde pequeño, cuando ya se iba al campo con su abuelo y su padre, José, con quienes disfrutaba acercando ripios y colocando algunos. Lo mismo que ya hace ahora su hijo, José Luis, quien, aún chaval, se confiesa aprendiz de agricultor y asegura con total aplomo que «si me tengo que dedicar a todo esto deberé ir aprendiendo, porque a m í me gusta mucho el campo».

Proteger un desnivel

Ayer presentaron su última obra José, Luis y José Luis, padre, hijo y nieto; los tres enzarzados (cada uno a su nivel) en el montaje de una horma ante medios informativos y responsables de Fuvama, cuyo presidente, Bernardo Ferrer, destacó la impagable labor de agricultores como ellos, comprometidos con tanta eficacia en el cuidado de cultivos bien entroncados con los valores de la naturaleza, por lo que su fundación se vuelca en apoyar este tipo de iniciativas y mostrarlas a la sociedad.

La horma o muro de piedra la están realizando los Julián en una parcela que adquirió hace poco José Luis. Nada más ver el campo entendió que en aquel desnivel faltaba la piedra que sujetara la tierra. En realidad dueños anteriores quitarían la horma que había para facilitar la necesaria mecanización del cultivo, pero José Luis sostiene que «si hay escorrentía de agua que se te lleva la tierra, la parcela no vale; es mejor perder media hilera de cepas para que pueda pasar el tractor, pero defenderse del agua, que no arrastre».

José, el abuelo, cuenta que en otro campo tienen un muro de casi seis metros de alto. Cuando llueve fuerte hay arrastres de tierra que viene de aguas arriba y al llegar al remanso de la parcela que favorece la alta horma se deposita. Así que cada cierto tiempo va subiendo el nivel de la tierra y los Julián tienen que poner una nueva tira de piedras. Y de esta forma llevan seis metros, pero paran el arrastre y no hay daños.

Las culebras son aliadas

El abuelo de Luis «tenía más tiempo y cuidado en buscar la piedra mejor careada, para dar mayor estética a la obra; ahora vamos más a lo práctico y aprovechamos la piedra que va saliendo de abajo al labrar los bancales». La teoría casi que no existe en esto, mayormente es cosa de acumular práctica, «de meter muchas horas para ir cogiendo la marcha». Y así se adquiere, de generación en generación, un conocimiento que apenas se puede explicar, sólo mostrar en plena acción, montando estas hormas «que cuando vas por ahí te maravillas de lo que hicieron hace siglos y tú mismo te sientes orgulloso de lo que haces, porque te gusta, eres útil y sabes que lo disfrutarán tus bisnietos».

Y encima, entre las hoquedades de las piedras se facilita que anide un montón de animales beneficiosos para la agricultura. José Luis cita las aves insectívoras, como la bella abubilla, el abejaruco, que come moscas y avispas, «y hasta el murciélago se mete por allí». También es refugio idóneo para el lagarto celado o fardacho, «que igual come insectos que pequeños mamíferos y hasta alguna cría de conejo, que ya son plaga muy fuerte». Y luego está el «cernícalo, que se para aleteando en lo alto y se tira en picado cuando ve un bicho a ras del suelo»; así como las culebras, «que mucha gente las ve mal pero realmente son aliadas del agricultor, porque se zampan ratas, ratones, topillos, gazapos...»

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