ANA CORTÉS
VALENCIA.
Domingo, 11 de agosto 2019, 00:55
La nueva Ordenanza de Movilidad de Valencia y la intensa construcción de carriles bici de los últimos años ampliaron con creces la preferencia ciclista. No obstante, la cantidad nunca ha sido sinónimo de calidad. Los recorridos más antiguos acumulan fallos de conservación, poca visibilidad o errores estructurales. Algunos se localizan en el viejo cauce del río Turia o en áreas con gran afluencia como la universitaria o la Ciudad de las Artes y las Ciencias. No sólo en los ejes tradicionales, también en los más modernos, pues el anillo ciclista acoge varios ejemplos.
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Valencia en Bici apunta que las mayores taras están en las Alameditas de Serranos, el puente de l'Assut de l'Or, el paseo marítimo o la avenida del Puerto. Esta es uno de los puntos negros más criticados. El carril bici, que recorre la vía en su lado izquierdo, presenta decenas de rampas en todo su trazado. Se trata de un desnivel constante que dificulta el paso a ciclistas, al usuario de patinete o a colectivos con movilidad reducida que hacen uso de bicicletas adaptadas.
Sin embargo, las sendas ciclables del jardín del Turia son las vías con mayor descuido en el ámbito de la conservación. Las raíces de los árboles han levantado el suelo en numerosas zonas y el segundo tramo es uno de los más afectados, el que linda con Campanar y Nou Moles.
La unión entre Blasco Ibáñez y la estación del Cabanyal o el carril frente al Palacio de Artes son otros casos fuera del cauce. El puente de Aragón también cuenta con desperfectos por la ausencia de losas y la aparición de pequeños agujeros, algunos ya han sido arreglados por los servicios municipales.
La falta de limpieza en el paseo marítimo es una de las carencias más llamativas, pues la arena se convierte en un obstáculo diario. Su acumulación, que oscila según las condiciones climáticas, desequilibra al conductor, sobre todo al de vehículos adaptados. Para Andrea, integradora social de 22 años, acompañar a colectivos de movilidad reducida por esta zona es «imposible», como por la avenida del Puerto. «Evitamos tramos con arena, baches, curvas o pendientes porque generan gran inestabilidad y la persona que transportas puede caer», explica.
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Además, debido al trasiego muchas placas o marcas viales que limitan el camino son imperceptibles. Ocurre en las alamedas ya mencionadas o puntos del cauce.
Los itinerarios con curvas muy cerradas, desniveles o finales abruptos son propiedades frecuentes de la red ciclista de la ciudad. De los finales en seco hay una larga lista en los barrios valencianos. A modo de ilustración, las vías ciclistas de la avenida del Puerto y de Juan Verdeguer cesan de repente frente al Edificio del Reloj. Turistas confusos y las maniobras para esquivar a peatones son una escena diaria.
Ya al oeste de Valencia, el carril en los jardines de Tres Cruces presenta un trazado peligroso e incómodo. Los giros pronunciados requieren un esfuerzo para el usuario y suponen un riesgo de choque. Antes de llegar a la avenida del Cid, una de las curvas desemboca en un cruce donde una pequeña infraestructura anula la visibilidad de esta intersección por la que circulan vehículos en ambas direcciones.
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En Nou Moles varios carriles se finalizan bruscamente, como ocurre con la falta de empalme entre el puente del Nou d'Octubre y la Ciudad Administrativa. Otras conclusiones abruptas están en la avenida del Cid, que se corta sin ofrecer alternativa a la altura de José Maestre, o el de San Vicente Mártir, que lo hace en plaza España.
El extremo del cauce que colinda con el Parque de Cabecera no dispone de carriles pavimentados y tampoco presenta alternativas que conecten al jardín con Mislata, a donde se accede por calzada. Asimismo, la mayoría de accesos al río desde el paseo de la Petxina no están conectados y su pavimento presenta fuertes desniveles. Más al norte, en Pío Baroja la senda pierde su continuidad; y junto al Nuevo Mestalla, el carril bici se comparte con los peatones por obras.
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A las afueras, entre El Saler y la Gola de Pujol, se encuentra uno de los trayectos más peligrosos, pues el carril finaliza en plena CV-500.
Aunque carteles informativos y marcas viales advierten de la preferencia ciclista, las travesías de Colón y Guillem de Castro, de nuevo en el cap i casal, continúan siendo los puntos de conflicto más candentes del anillo ciclista. El grupo municipal Ciudadanos ya solicitó un rediseño para reducir la siniestralidad en el itinerario. «Aquí se necesitan mil ojos», afirma un ciclista en el concurrido cruce de la calle Quart, frente a las torres.
La falta de visibilidad ha sido siempre la lacra de los cruces en Blasco Ibáñez, donde ya se han lamentado víctimas mortales en el pasado. Otro problema está en el carril bici junto al Hospital Clínico o el Rectorado de la Universitat de València, que no siempre es respetado por los vehículos a motor, que en muchas ocasiones tienen dificultad para percibir al ciclista.
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Valencia se quedó fuera de las veinte mejores urbes para circular en bicicleta. Otras ciudades con tráfico mucho más caótico que la capital del Turia han quedado por delante, como Barcelona, París o Bogotá. La clave del éxito no la tiene nadie, pero el cuidado de la infraestructura es primordial.
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