![Un semáforo en rojo y varias señales, ocultos por ramas junto a la avenida Pío Baroja.](https://s1.ppllstatics.com/lasprovincias/www/multimedia/201909/09/media/cortadas/pio-baroja-kPyB--1248x770@Las%20Provincias.jpg)
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«En rojo nos paramos y en verde circulamos», explica una popular canción infantil sobre seguridad vial. El problema llega, no obstante, cuando los árboles crecen tanto que los semáforos y señales de tráfico quedan ocultos entre la hojarasca que crece sin control.
Y eso es, precisamente, lo que sucede en distintos puntos de la ciudad como el entorno de las avenidas Blasco Ibáñez o Tres Cruces, donde cuesta saber de qué color está el semáforo, según denuncian a LAS PROVINCIAS diversos vecinos.
Al recorrer el trayecto desde la avenida Pío Baroja, junto al Bioparc, hasta el entorno del Hospital General son muchos los puntos en los que distintas señales y semáforos se camuflan entre las hojas, sin apreciarse a escasos metros de distancia.
La situación se complica al continuar por la avenida Tres Cruces hacia el cruce con Tres Forques, donde algunos semáforos en altura se pierden en la frondosidad de árboles necesitados de una poda de urgencia. Sobre todo, teniendo en cuenta la notable densidad del tráfico y el riesgo de que una deficiente visibilidad acabe en disgusto.
Y otro tanto sucede en la ronda norte, donde las señales de dirección quedan ocultas por las ramas, o en la calle Almassora, antes del cruce con Molinell, donde sólo se ve el semáforo colgante, al igual que sucede en distintos tramos de la avenida Blasco Ibáñez, entre otras.
Para la presidenta de la Federación de Vecinos, María José Broseta, las deficiencias en el servicio municipal de poda son preocupantes, al igual que la escasa limpieza de la ciudad, que empeoró este verano.
«Hay árboles que están mucho más crecidos y otros muy secos, siempre pedimos la poda de distintas zonas y así lo trasladaremos en la primera reunión con el concejal de parques y jardines», sentencia. Desde el departamento que dirige Sergi Campillo, de Compromís, afirman ser «conscientes de que la contrata de poda está infradotada» y lo achacan a que en la etapa del PP se añadió al servicio de jardinería.
Desde Medio Ambiente aseguraron a este periódico que preparan «una nueva contrata de poda para mejorarla y aumentar el presupuesto» y que, mientras, «se atienden todas las quejas de vecinos». Esa última afirmación contrasta con la situación que denuncian vecinos de la zona de Blasco Ibáñez, como José Juan Carrión, quien solicitó sin éxito que podasen los árboles para evitar que las ratas accedan a su domicilio.
Por su parte, el concejal del PP Carlos Mundina critica el «descuido general de los parques y jardines», patente en las zonas ajardinadas de los accesos por la avenida Cataluña, Cortes Valencianas o desde El Saler. Mundina alerta del daño a la imagen como destino turístico, además de las molestias para los residentes, y critica que el equipo de gobierno de Joan Ribó «se escude en que antes existía una contrata específica de poda, porque actualmente está incluida en la de parques y jardines».
El portavoz de Ciudadanos, Fernando Giner, denuncia la «falta de planificación, control, inversión y, sobre todo, voluntad política de tener una Valencia más verde pero en condiciones». Según apunta, apenas hay doce brigadas con dos o tres trabajadores y cuatro equipos de recogida, «claramente insuficientes para acometer la poda» en una ciudad con «más de 120.000 árboles».
Según Giner, «el alcalde no hace más que prometer y presentar programas verdes», pero «en los presupuestos no dota las partidas necesarias para que se puedan mantener los árboles y estar en el estado que se merecen, sobre todo para que no sean un peligro para la ciudadanía, que es lo que está sucediendo».
Los residentes de la calle Poeta Durán y Tortajada, junto a la avenida de Blasco Ibáñez, están rodeados por árboles cuyas ramas alcanzan fácilmente la altura de un segundo piso, por donde pequeñas ratas ascienden a los inmuebles y llegan incluso a colarse en estos. José Juan Carrión, vecino de la zona, las avista a diario entre los jardines «que carecen totalmente de mantenimiento». También afirma haberlas visto llegar hasta el tercer piso de su edificio. «Las ratas trepan por el árbol y han llegado hasta mi casa que está en un segundo», cuenta. Hace días, divisó una dentro de la cocina. «He pedido en varias ocasiones al Ayuntamiento que pode los árboles, la primera vez hace un año. Se trata de una cuestión de salud pública», alega indignado.
Su comunidad de vecinos también lo reclamó hace meses, pero el consistorioalega falta de recursos.
Y mientras tanto, aumenta el malestar vecinal por los jardines desaliñados, que acumulan desde botellas hasta carritos de la compra y que, según aseguran, se han convertido en territorio de roedores en Ciutat Jardí, un problema que se extiende ya a los parques de Blasco Ibáñez.
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