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Tras la imagen idílica de un mercadillo al lado del mar, que todos hemos vivido de vacaciones, se esconde una realidad más oscura. Historias de amenazas, de denuncias a la Policía Nacional, de visitas de la Local, de enfrentamientos con vendedores ambulantes. Esto es lo que ocurre en el mercadillo de la playa del Cabanyal, junto al balneario de las Arenas, donde los vendedores no se atreven ni a hablar con el periodista delante de todos. «Ven detrás de la caseta y te cuento», indican.
Sobre todo por las tardes, este mercadillo se llena de gente que sale de la playa o que acude a dar un paseo junto al mar cuando cae el sol y decide curiosear entre los puestos para comprar alguna pulsera, una tobillera, un pareo o alguna pieza de artesanía. Pero más allá de esa estampa veraniega, los vendedores viven un continuo calvario. «Viene gente que nos ofrece protección y, si no pagamos, nos amenazan», comenta uno de ellos, que no quiere dar nombre y que sólo se atreve a hablar con este diario fuera de miradas indiscretas.
La cuestión ha llegado hasta la comisaría de Policía Nacional de Abastos, donde una vendedora presentó una denuncia por un suceso parecido. Según el documento al que ha tenido acceso este diario, se le acercó un individuo que, tras ofrecerle sus servicios de vigilancia nocturna, le dijo que podrían pasarle cosas malas si no los adquiría. Ella se negó y a la mañana siguiente su caseta apareció rota.
Aseguran quienes trabajan en el mercadillo que tienen problemas de robos y carteristas. Una de las vendedoras explica que hace unas semanas, una pareja que había comprado en su establecimiento sufrió un robo en su coche, pese a que habían pagado a un gorilla para que lo vigilara. «Les acompañé yo a denunciar», explica.
Y luego están los temas derivados de la competencia desleal. Todos los vendedores que tienen un puesto en el mercado de la playa del Cabanyal pagan una tasa por ocupación de vía pública y de mercados, pero se enfrentan a vendedores ilegales que ofrecen productos como fruta o accesorios para el pelo. «Desde que se puso esto en marcha el 15 de junio, llevo 60 días con varios vendedores de sandías y personas que hacen trenzas sin licencia y sin pagar impuestos y con el total beneplático de la Policía Local y el Ayuntamiento», explica una empresaria. «He llamado a la Policía en mas de 50 ocasiones y han venido unas cinco veces al principio, pero ahora ni vienen e incluso pasan por delante de los ilegales sin hacer nada en absoluto», asegura. «También he ido al Ayuntamiento en varias ocasiones, pero pasan todos los días a vigilar lo que yo vendo justo delante de los vendedores de trenzas sin hacer nada absolutamente», denuncia.
El aspecto estético del mercado también es algo por lo que protestan los vendedores. «Las casetas son feas y ni siquiera son todas parecidas», asegura esta empresaria. A pie de mercado, estos problemas estéticos son menos visibles, ocultos, como el bosque, detrás de los 'árboles' que supone el colorido género que se vende. En el mercado de la playa, además de artesanía, se pueden vender objetos de playa. Estará durante todo el mes de agosto, pero los vendedores temen que sin presencia policial, y sobre todo en esta segunda quincena, cuando más gente está de vacaciones, se agraven estos problemas de inseguridad y menos visitantes acudan a los puestos del paseo.
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