Borrar
Maksim, desertor ruso, y Anna, refugiada ucraniana, hablan de la guerra. TXEMA RODRÍGUEZ
Guerra en Ucrania | El abrazo de Anna y Maksim en Valencia

Una guerra, dos puntos de vista desde Valencia

Él llegó como desertor ruso, ella como refugiada de Ucrania. Un año después coinciden: «Esto tiene que acabar»

BELÉN HERNÁNDEZ

Viernes, 24 de febrero 2023, 01:17

Maksim y Anna se saludan con un frío 'hola'. Pero tras dos horas de entrevista se despiden con un cálido abrazo. Él es ruso. Ella ucraniana. Coincidieron en un hotel que habilitó Cruz Roja para los refugiados de la guerra. Congeniaron. Pero su relación se truncó cuando cada uno se fue por su cuenta.

«Para poder llevarme bien con Maksim tengo que olvidarme de que es ruso», cuenta la joven. Y no miente. Su rostro se tuerce cada vez que se da cuenta de que está sentada delante del enemigo. Él se esfuerza en recordarle que están en el mismo bando. «No todos estamos a favor de Putin», le dice Maksim Kurmaev . «Yo sólo me llevo bien con dos o tres rusos, y tampoco puedo estar con vosotros mucho rato», contesta con rotundidad Anna Zythytsha .

Ambos tuvieron que huir de sus respectivos países. Dejar toda su vida atrás. Pero con matices. «Yo me fui porque no quería ir a la mili y matar a gente inocente», dice el ruso. Pero Anna aguantó en Ucrania todo lo que pudo y más. «Mi padre y mi novio me obligaron a irme porque era más seguro para mí».

Ambos anhelan su hogar. Pero su experiencia en la ciudad es incomparable. La ucraniana está completamente sola. «No sé cuándo voy a poder volver a ver a mi familia». Maksim ha tenido más suerte que ella, se vino a Valencia con su mujer y su hija de un año y medio. La única persona que le espera en su tierra natal es su madre, que se negó a abandonar su país.

Todo lo que perdieron

Cuando Anna se subió a aquel autobús que la trajo a España, sólo la acompañaba su gata 'Dymka'. Casi un año después, aquel animal sigue siendo su última compañía. Pero para ella, lo peor es la incertidumbre. «Sólo hablo con mi familia. Perdí a mi mejor amigo y también a una de mis gatas. No sé cuántos de mis seres queridos siguen todavía con vida».

No sabe exactamente lo que le pasó a su amigo Artem. «Su corazón no aguantó la guerra. Me contaron que bombardearon mucho cerca de donde estaba él». El chico se sobrecogió tanto por el estallido que tres días después falleció. Y Anna no pudo estar ahí.

«No sé cuántos de mis seres queridos siguen con vida»

Anna Zythytsha, refugiada ucraniana

Maksim sólo conserva a su madre en Moscú. Los que eran sus amigos le dejaron de lado por ser un desertor y negarse a formar parte del ejército de Putin. Pero desde el bando ruso, la tragedia se ve con una mirada diferente. «Un amigo de mi mujer murió en la guerra. Allí lo sienten como un honor. Como que perdiste la vida por defender a tu país. Casi te conviertes en un héroe», dice el chico. A los padres del fallecido le pagaron ocho millones de rublos por su servicio. El equivalente a más de cien mil euros.

A lo largo de toda la entrevista, Maksim trata de recordarle a Anna que no está de acuerdo con la política de Putin. Ella todavía no maneja del todo el español. Pero le lanza una pregunta valiente:

– ¿Por qué no salís todos los que estáis en contra a manifestaros a las calles?

– La gran mayoría se ha creído el discurso de Putin.

Propaganda política

La recurrente aparición de Maksim en los medios de comunicación no es casual. LAS PROVINCIAS ya lo entrevistó cuando todavía vivía en aquel hotel. «En Rusia, tanto la prensa como las redes sociales se dedican a hacerle propaganda a Putin», dice. Por eso no teme en alzar la voz y oponerse a la guerra de manera pública. «Me gusta poder mandarle a la gente que conozco en Rusia las noticias que se publican en otros países para que sepan la realidad de lo que está pasando».

Anna no cree que pueda ser posible un cambio de mentalidad en el bando enemigo. «La paz sólo llegará de una manera, con la victoria de Ucrania. Las negociaciones o la devolución de la tierra no son una opción», opina con un semblante serio. Pide que le hagan llegar a su país más armas y ayuda humanitaria. Como no maneja bien el español, lleva en su móvil redactadas todas sus ideas. Le ha costado horrores poder conceder una entrevista. Todo el trauma que ha vivido le ha hecho recaer en una depresión. Estuvo trabajando como camarera en Valencia durante un tiempo, a pesar de que es licenciada en arquitectura. «Aquí no me puedo dedicar a otra cosa y como estoy tan mal mentalmente que no soy capaz de ir a trabajar. Lo estoy pasando fatal». Su expresión habla por sí misma. Aunque en algunos momentos esboce una sonrisa sincera, camina cabizbaja, como si la vida le pesara demasiado.

Maksim también anhela su antigua vida aunque adora España. Antes de llegar aquí, él y su mujer habían llamado a su hija 'Patricia', porque siempre se han sentido muy unidos a este país. Pero aquí vive con una mano delante y otra detrás mientras que en Moscú era propietario de dos gimnasios. Su futuro estaba perfectamente planeado. Todo lo que consiguió con tanto esfuerzo se quedó en nada .«Tuve que regalarle mi negocio a un amigo porque ni siquiera me dio tiempo a poder organizar una venta», y mientras lo cuenta se ve que su rostro se nubla fruto de la incertidumbre.

Maksim todavía no puede ejercer su profesión en España. No tiene el visado de trabajo. Pero prefiere no pensarlo y tomarse este tiempo como un momento para dedicarlo a su familia. Ni el ruso ni la ucraniana saben cuándo terminará una guerra que ha masacrado tantas vidas. Pero Maksim lo tiene claro: «No puedo regresar hasta que no cambie el gobierno y se vaya Putin, si no me obligarán a ir al ejército o me enviarán a la cárcel». Si hay algo en lo que ambos coincidan es: «Esto tiene que acabar».

Este contenido es exclusivo para suscriptores

Publicidad

Publicidad

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

lasprovincias Una guerra, dos puntos de vista desde Valencia