Romper la espiral del silencio
MARINERO EN TIERRA ·
AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA
Sábado, 2 de julio 2022, 00:03
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MARINERO EN TIERRA ·
AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA
Sábado, 2 de julio 2022, 00:03
El jueves, en la presentación del libro de Juan Carlos Girauta se confirmó que una de las tareas más importantes de la sociedad civil es ... la de romper la espiral del silencio. El libro, que lleva por título 'Sentimentales, ofendidos, mediocres y agresivos' (editorial Sekotia), está escrito en forma de carta a un joven de 18 años que empieza a navegar en la vida democrática. Son páginas llenas de consejos y reflexiones útiles que van más allá de los pensamientos propios de un autor porque representan a toda una generación. Es la generación que consolidó la Constitución, se desencantó del bipartidismo tradicional y proyectó la regeneración de la vida pública con la creación de UPyD o Ciudadanos. Una generación que se ha propuesto salir de las trincheras intelectuales, retomar el debate de las ideas, recuperar las mejores energías de la democracia liberal y promover algo tan sencillo como que la gente diga lo que piensa.
Este es el problema de la espiral del silencio: la existencia de un doble discurso ético en la vida democrática porque los ciudadanos nos expresamos de manera distinta en la vida privada que en la vida pública. Nadie en su vida privada utiliza el lenguaje políticamente correcto y sin embargo en la vida pública usa la hipócrita jerga del lenguaje inclusivo. Nadie en su vida privada confiesa que es conservador y está en contra del nacionalismo identitario, pero en la vida pública se las compone con algún tipo de progresismo o asimetría federalista. Nadie en su vida privada cuestiona los valores de la tradición judeocristiana, el humanismo cívico o la educación en las virtudes liberales, pero luego en la vida pública se resigna ante el multiculturalismo, consiente la ideologización de los géneros y devora la papilla informativa que le ofrecen las redes. Hay más ejemplos de este fenómeno que Noelle Neuman describió como «espiral de silencio» y muestra cómo los ciudadanos de una democracia temen más el aislamiento que el error. Es un mecanismo emocional sencillo del que se aprovechan quienes instrumentalizan las mayorías sociales o políticas para ir poniendo entre las cuerdas a los disidentes, a quienes piensan de manera diferente o sencillamente a quienes discrepan de las narrativas oficiales. El despotismo digital está servido.
En su carta, Girauta advierte que estos silencios cómplices sitúan a nuestros herederos en una burbuja emocional que les impide tener juicio propio. Se trata de una espiral que instrumentaliza una de las emociones más eficaces: el miedo. El resultado es muy sencillo, una sociedad polarizada y de mediocres sin espíritu crítico, entusiasmados por causas moralistas fragmentarias, es decir, dispuestos a movilizarse por la fraternidad universal desentendiéndose de la proximidad vecinal. Nos invita a romper esta burbuja como prólogo de una urgente batalla cultural.
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