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En cuestión de cinco años, una sociedad cambia. Evoluciona. Más aún en plena revolución digital, también conocida como Industria 4.0. Y la transformación se exacerba y desborda cualquier expectativa cuando el mundo es zarandeado por una pandemia como la del Covid. 2020 representó un punto de inflexión en cuanto a la manera de vivir. El confinamiento puso patas arriba el día a día, el trabajo, el ocio, las relaciones... Todo un desafío que obligó a adaptar cada actividad personal, lúdica y profesional, así como a replantearse la escala de valores. El coronavirus paró el reloj de numerosas rutinas y destapó nuevos intereses y preocupaciones. ¿Qué ha dejado aquella experiencia que llevó al límite a la población? Pues hay hábitos, conductas e inquietudes que llegaron para quedarse. Diversos expertos de la Comunitat Valenciana analizan este proceso desde diversas perspectivas: psicológica, médica, sociológica, comercial, inmobiliaria, vacacional... Un lustro en el que se han afianzado diferentes tendencias.
«Fue una aceleración del cambio social», reflexiona Amparo Malea, psicóloga clínica y asesora del Colegio Oficial de Psicología de la Comunidad Valenciana. Considera que «la mayor huella a nivel sanitario de esta crisis» está vinculada con la salud mental. «Sobre todo, entre los más jóvenes», añade apelando al Plan Valenciano de Salud Mental y Adicciones 2024-2027 de la Conselleria de Sanidad.
«El confinamiento es como un mal sueño, un recuerdo. El olvido es una parte saludable y adaptativa del funcionamiento normal de nuestro cerebro. El miedo al contagio ha ido desapareciendo», comenta Malea. Eso sí, existe un aumento de la prevención. «Ahora vemos que mucha gente viene a la consulta cuando ya tiene un cuadro catarral y acude con mascarilla para evitar contagiar a otras personas. Y pacientes que son de riesgo, cuando hay un pico de virus respiratorio, se ponen mascarilla para evitar contagiarse. Eso que veíamos en chinos y japoneses y nos parecía súper extraño es algo que ha venido para quedarse», apunta Inmaculada Cervera, presidenta de SEMERGEN (Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria) en la Comunitat. Y expone una polarización alrededor de la ciencia: «La vacuna demostró que era eficaz para prevenir la muerte y las complicaciones graves por el Covid, pero la información por parte de las autoridades sanitarias durante la pandemia no fue siempre transparente y real. Hubo mensajes contradictorios. Eso ha producido en una parte de la población cierta desconfianza hacia cuestiones de salud pública. Esa desconfianza se ha quedado en una parte de la población que rechaza la vacunación».
El Covid marcó un antes y un después. «Nos trastocó hasta el hábito más rutinario», admite Amparo Malea, haciendo hincapié en las secuelas psicológicas. Durante el confinamiento, se impusieron las relaciones sociales a través de la pantalla y el teletrabajo: «La digitalización es uno de los grandes cambios que vino para quedarse. El uso de dispositivos electrónicos en sustitución del contacto físico continua disparado». Y ha desembocado en un cruce de consecuencias: «Por una parte, es perjudicial para la salud mental en cuanto a que hay una disminución de las relaciones sociales. La otra cara de la moneda es que, como las personas estuvimos más aisladas, el contacto cero hizo ver la importancia de la sociabilidad para conseguir el bienestar psicológico».
Ese aislamiento pasó factura. «Nos perjudicó a todos, pero a las personas jóvenes que están en un período evolutivo les afectó más. Hemos visto que hay más cuadros de ansiedad y depresión. La salud mental de la población valenciana ha registrado una evolución negativa en los últimos años, según se explica en la Encuesta de Salud de la Comunidad Valenciana, por lo que establecemos una hipótesis de causalidad con la pandemia. Ha habido un aumento del consumo de alcohol, cannabis y tranquilizantes, así como los problemas de salud mental», destaca Malea.
Una tendencia en la que profundiza Cervera: «Tener recluida a la población durante cuatro meses, sin ver a la familia, con personas que perdieron a familiares y no los pudieron enterrar… Ese dolor y ese sufrimiento está subterráneo en la sociedad». La médica se muestra preocupada por la gestión del malestar existencial: «La gente busca calmar la ansiedad y la angustia con un consumo importante de alcohol y droga. Se cuidan mucho y son muy responsables los pacientes mayores, que ya tienen una educación sanitaria, pero en la gente joven no veo que haya un control ni un cuidado desde el punto de vista de la salud mental e incluso de las relaciones sexuales. Todavía no hay ningún estudio que determine que hay una causa-efecto con el Covid, pero sí que hay un aumento del consumo de drogas y de relaciones sexuales de riesgo sin protección. Se ha vivido como una liberación».
Malea realiza una mención especial a los afectados por Covid persistente y a sus síntomas depresivos, según se desprende de varios estudios realizados por el Consejo General de la Psicología. Además, pone sobre la mesa unos contundentes datos extraídos de la Encuesta de Salud de la Comunidad Valenciana: «Actualmente, el 42,3 por ciento de las mujeres valencianas y el 39,7 por ciento de los hombres presentan riesgo de mala salud mental». Focaliza en la población infantojuvenil: «El 10,7 por ciento de niños y niñas menores de 15 años tienen riesgo de mala salud mental. Desde la pandemia, la prevalencia de ideación suicida en jóvenes ha aumentado. Por eso se han elaborado planes de prevención«. Y advierte: »La Comunitat tiene la segunda mayor tasa de casos atendidos en Atención Primaria por ideación suicida o intentos autolíticos en jóvenes, como explica el Plan de Salud Mental y Adicciones. Desde la Conselleria se han creado Unidades de Detección Precoz en el ámbito escolar».
La pandemia ha incrementado la conciencia sobre la importancia de la salud mental. Algo que ha tenido un efecto directo en el criterio de los estudiantes. Sumando las seis universidades de la Comunitat en las que se imparte la carrera de Psicología, la cifra de alumnos de nuevo ingreso no ha parado de subir desde el estallido del Covid. Tal y como refleja la base de datos del Ministerio, los 1.115 del curso 2019-2020 contrastan con los 2.180 del 2023-24. Casi el doble. La progresión ha sido constante: 1.310 en el 2020-21, 1.492 en el 2021-22 y 1.746 del 2022-23. «La gente se cuida más a nivel de salud mental. De hecho, los profesionales de la psicología han aumentado su nivel de trabajo de una manera exponencial», agrega Malea.
Precisamente, ha evolucionado el concepto de consulta y se ha extendido el formato online. En general, ha quedado patente el crecimiento del teletrabajo. Se ha multiplicado el porcentaje de empleados que desarrollan su actividad laboral a distancia aprovechando las alternativas que ofrecen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. En 2019, un año antes de la pandemia, apenas el 8,6 por ciento de las personas ocupadas ejercieron telemáticamente en la Comunitat Valenciana, ya fuera de forma habitual u ocasional. En 2020, se dio el salto para alcanzar un 12,9%. A partir de ahí, según los datos recogidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE), se ha asentado esta modalidad: 15,5% en 2021, 11,5% en 2022, 13,7% en 2023 y 11,4% en 2024.
La Comunitat ocupó la octava posición dentro del ranking nacional en cuanto a la apuesta por el teletrabajo en 2024. Por delante se encontraron Melilla (27,2%), Madrid (26,7%), Cataluña (21,5%), Andalucía (13,5%), País Vasco (11,6%), Castilla y León (11,6%) y Navarra (11,5%).
Además, el año pasado, el 33,7 por ciento de las personas ocupadas de la región valenciana contaron con la posibilidad de teletrabajar total o parcialmente. Un resultado que supera el promedio nacional (33,5%). «Ha aumentado mucho el modelo híbrido. Y me sorprende que no sea más gente. El teletrabajo hace que seamos entre un 15 y un 20 por ciento más productivos que el resto. De eso no hay ninguna duda», destaca la socióloga Silvia Leal, experta en tendencias de futuro y tecnología. De ahí que también haga énfasis en la eclosión de las teleconsultas médicas a raíz del confinamiento: «Ahora no te das de alta en una compañía de seguro médico que no te ofrezca ese servicio». También habla de otros aspectos más cotidianos como la expansión de las videollamadas y el QR: «Estos códigos son una invención que se ha quedado en los restaurantes y de ahí se va extrapolando. Es muy cómodo y puedes cambiar la carta. Es una muestra de lo que pasa con la tecnología. Por lo general al principio no quieres algo y luego lo pruebas y no te lo quieres quitar».
El Covid iluminó el teletrabajo, aunque Leal lamenta que su implantación no resulte mayor. Entiende que es una cuestión de falta de adaptación por parte de los responsables de las empresas y de los empleados. Este fenómeno laboral, paralelamente, ha incrementado la movilidad de la población, tal y como analiza Vicente Díez, portavoz del Colegio Oficial de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria de Valencia (COAPIV).
«Se está dando una movilidad mayor. El teletrabajo es algo que se ha consolidado a raíz de la pandemia. Y eso, directa o indirectamente, afecta al tipo de vivienda que se busca e incluso a la localización de la vivienda. Es una suma de la pandemia, de la subida de precios y del teletrabajo. Mucha gente ya no busca el centro de las ciudades», reflexiona Díez, quien pone énfasis en los requisitos que han cobrado relevancia en las búsquedas de piso.
«Con la pandemia reciente, la gente se dedicó a buscar espacios más amplios y algún espacio abierto. Desgraciadamente, el tema de los espacios más amplios no es tan sencillo porque, con la subida del precio de la vivienda desde 2022, a veces la gente no puede encontrar una vivienda tan amplia como querría. Pero lo del espacio al aire libre se ha consolidado a raíz de la pandemia. Es decir, balcón, terraza, jardín... Se ha consolidado esa tendencia. El promotor está valorando dar más peso a los espacios privados exteriores como los balcones que a las zonas comunes como piscina, pista de tenis o pádel», explica Díez.
Este criterio de los compradores ha influido directamente en los proyectos de las promotoras inmobiliarias. Pero los condicionantes no se quedan ahí: «Como se ha consolidado mucho el teletrabajo, aunque sea de forma parcial, la gente está buscando dentro de la vivienda un habitáculo donde poder tener su mesa, su ordenador, su silla...».
La Oficina Pateco de Comercio y Territorio está integrada en el Consejo de Cámaras Oficiales de Comercio, Industria, Servicios y Navegación de la Comunitat. Y dentro de su radiografía de los últimos cinco años, subraya algunos de los comportamientos de consumo y compra que se han afianzado. Eso sí, avisa de que esta evolución no está exclusivamente ligada a la pandemia y las consiguientes restricciones: «También influyen otras cuestiones de carácter socioeconómico». Pone sobre la mesa la inflación y la incertidumbre geopolítica global.
Destaca que hay varias tendencias anteriores que se han visto reforzadas a partir de la pandemia. La Oficina Pateco habla, por ejemplo, de la «creciente digitalización del consumo y el comportamiento omnicanal de los consumidores». En 2019, según el INE, el 64 por ciento de las personas de entre 16 y 74 años en la Comunitat declaraba que había recurrido al comercio electrónico en alguna ocasión. En 2024, fue un 76,3%, por encima de la media nacional (75,1%). «Además, prácticamente se duplica el porcentaje de valencianos que hacen habitualmente la compra del hogar (alimentación, bebidas y limpieza) por internet. En 2020 la hacían un 16,5%», añade.
Silvia Leal da una clave relacionada con las infraestructuras y la mentalidad de la sociedad: «Cuando llegó el coronavirus, en torno al 86 por ciento de las empresas no habían empezado la digitalización. Entonces llega el Covid y te digitalizas o no puedes vender. Es muy importante que las personas han perdido el miedo al uso electrónico de la tarjeta de débito o crédito. Antes había muchas personas que no compraban de manera electrónica porque les daba miedo meter la tarjeta en este tipo de herramientas».
Al mismo tiempo, ha crecido el interés por la economía colaborativa y la compra de segunda mano «como una actitud responsable hacia un consumo, pero también como una forma de ahorro», tal y como indica la Oficina Pateco. En 2020, el 28,8% de los residentes en la Comunitat había adquirido productos usados, mientras que en 2023 había subido a un 33,1%.
La economía colaborativa, que consiste en compartir productos o servicios que antes se utilizaban de manera individual como el coche o aparatos tecnológicos, pasó del 8,1% al 11,8% entre 2020 y 2023. «Otra de las tendencias que venía observándose era la importancia creciente hacia la experiencia, el ocio y el disfrute, aspecto que se vio completamente frenado por la pandemia y que, actualmente, representa uno de los principales 'drivers' para el consumidor y un factor de oportunidad para los pequeños negocios locales», comenta la Oficina Pateco.
Ahí entran en escena los períodos vacacionales. Miguel Jiménez, presidente de AEVAV (Asociación Empresarial Valenciana de Agencias de Viajes), observa una actitud más intensa y decidida entre los clientes. «Ahora que estamos relativamente bien y hemos salido de la pandemia, la gente se atreve a hacer un esfuerzo mayor para salir a un destino que a lo mejor anteriormente habrían pospuesto, como viajes a Asia o cualquier otro destino más complicado. No quiere que se le quede pendiente. Sobre todo la gente que ya tiene cierta edad», explica. Sí hay un detalle que representa un incremento de la prevención: «Al principio la gente tomó muchísimas precauciones, pero hoy en día estamos volviendo a los hábitos de siempre. Lo único es que, cuando se trata de un destino un poco más exótico, la gente hace alguna consulta para saber si hay algún tipo de vacuna recomendada para evitar contagios en la zona. Antes la mayoría de gente no se vacunaba cuando viaja a Tailandia o cualquier otro destino exótico. Ahora, un 80 o un 90 por ciento de la gente sí que se vacuna según lo que recomienda Sanidad». El ritmo de contrataciones va viento en popa: «Hoy por hoy, estamos incluso por encima de los números de 2019 tanto receptivo como emisor».
En cuanto al entretenimiento dentro del hogar, las plataformas de películas y series streaming como Netflix subieron como la espuma debido al confinamiento. El número de suscriptores continuó al alza posteriormente, aunque en 2023 se produjo una caída que la compañía estadounidense trató de frenar con alternativas en la oferta.
«La pandemia nos ha abierto los ojos a otras opciones. La gente contrató plataformas como Netflix o Disney+. Luego ha habido gente que no lo ha podido pagar y ha tenido que renunciar. Ha habido una caída tras la subida de precios. Además, España es un país en el que nos gusta mucho estar en la calle. Pero en términos generales, han sido muchos los hogares que se lo han quedado», apunta Silvia Leal. Según la Oficina Pateco, se han mantenido los hábitos ligados al entretenimiento dentro del hogar: «En torno al 70 por ciento suele ver series o películas en casa durante sus ratos libres, mientras que disminuye ligeramente la asistencia a cines y teatros». Sí ha crecido la música en directo. La vida después del Covid.
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