El escultor Miquel Navarro (Mislata, 1945) tiene exposición en el Palau deld Scala, en la Diputación. Y vista la muestra no cabe duda de que la sala encierra una mirada repleta de emociones, del sentimiento de un artista. Hasta puede hablarse de su poesía. El recorrido por las cerca de cuarenta piezas y el vídeo que la componen adentran al espectador en el universo de un Miquel Navarro íntimo, romántico y poético. Se exhiben obras, que relatan el hacer de uno de los grandes artistas que han dado estas tierras. Es el diálogo que establece con el arte, pero también una conversación con los sentimientos, los de quien crea, que se descubren con la personalísima capacidad de interpretar aquello que convierte en pieza de museo.
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El recorrido por la muestra permite al espectador visitar obras de los primeros tiempos del escultor y algunas de muy reciente ejecución. Allí están esas ciudades que suponen una constante en la trayectoria del artista. La contemplación de los extensos paisajes urbanos pone en contacto con lo más primigenio de la creación, con el barro, esa materia con la que Miquel Navarro ya en su infancia empezó a modelar. Pero al mismo tiempo viene a mostrar el cosmopolitismo que define al artista que retrata lo que él llama «el agrupamiento».
Saltan también a la vista los elementos de huerta que se presentan de la mano de piezas como la que regala una especie de instantánea moldeada de acequias y albercas con un patio de azulejo blanco y azul, reminiscencias de los primeros pasos de Navarro por la vida. Y qué decir de las esbeltas chimeneas que recuerdan a las de ladrillo de las industrias que también formaban parte de las primeras luces del artista. Siempre sin dejar de lado la mirada a la «imagen erótica de una chimenea echando humo», apunta Miquel Navarro mientras acompaña a LAS PROVINCIAS por la sala.
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Pero cuando se conjuga el nombre de Miquel Navarro con el término origen, no hay que pensar sólo en el territorio existencial de sus primeras horas. La mirada del artista va mucho más allá. Tanto que su trabajo encierra «mucho de arqueología», de una reflexión en torno a la historia que le lleva a hablar de que «el arte es la columna del conocimiento», afirmación que resuena al nacimiento de una civilización.
La visita a la exposición permite encuentros con dibujos del estreno de una trayectoria. Hasta tal punto es así que asegura que se trata de obras que realizó en el mismo edificio en el que ahora se exponen, cuando el espacio acogía un aula de dibujo a la que asistía.
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Cada pieza que desde ayer por la tarde y hasta final de año se pueden contemplar en las vitrinas habla, y no poco de un creador que por más que se autorretrate con máscaras, en una suerte de ejercicio que quizás puede ser de interpretación enraizada en otro origen, el del teatro, no deja de mostrarse con máxima naturalidad, con la sensibilidad y los sentimientos al desnudo en el ofrecimiento de su obra.
La exposición se completa con un vídeo que envuelve en emociones tanto con el título como con la motivación. Apunta Navarro antes de que veamos el trabajo que es un homenaje a la «gosseta», prefiere el término en valenciano al «perrita» castellano por considerarlo más afectivo, que hace justo un año murió. Aflora de nuevo la sensibilidad del creador que ha esculpido en barro varias cabezas para recordar al can que fue su mascota.
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En torno a ese tema danzan dos bailarines al ritmo de música de Rasmaninov y César Frank en la que resulta una reflexión en ocasiones sobre la vida, en otras en torno a la muerte. La arena que va cubriendo los restos de la 'gosseta' o el humo que sale de las chimeneas forman una composición de imágenes que atrapa tanto por la calidad estética del trabajo como por el recorrido a través de piezas y momentos de la trayectoria de Navarro. Con todo ello quien mira entra en contacto con la mirada «al paso del tiempo», sin duda uno de los conceptos más poéticos que ha dado la potencia creativa.
La exposición 'Fum controlat. Fumeral', es una gran oportunidad para profundizar en el significado de cuanto Miquel Navarro ha dado al arte, para emocionarse ante el resultado del trabajo de unas manos que moldean el barro y hasta el metal.
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