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Extremadura se ha convertido en el tablero de juego en el que estos días se dirime la campaña para las elecciones del 23 de julio. Después de que la candidata del PP, María Guardiola, diera el martes un golpe encima de la mesa para advertir ... a Vox de que irá a elecciones antes que asumir sus postulados ideológicos o integrarlo en el Gobierno, Alberto Núñez Feijóo y Pedro Sánchez se encuentran frente al espejo. Uno por su reiterada defensa de que gobierne el más votado. El otro, por los discursos en los que continuamente equipara a los populares con la derecha radical.
En el PP se abrazan a la posición de Guardiola como prueba de que no están dispuestos a gobernar «a cualquier precio», tras el precipitado y polémico acuerdo de coalición firmado por Carlos Mazón con Vox en la Comunidad Valenciana y de las cesiones realizadas por Marga Prohens en Baleares, que han situado a buena parte de la formación en una situación delicada por lo que implican respecto a su compromiso contra la violencia de género .
El órdago de la baronesa extremeña, como el del murciano, Fernando López Miras –que la semana pasada dejó a la formación de Santiago Abascal sin representación en la Mesa de la Asamblea pese a necesitar al menos su abstención para la investidura–, permite a Feijóo, además, alentar entre el electorado moderado dudas razonables sobre algo que en Moncloa y Ferraz presentan como una verdad incuestionable: que solo hay dos opciones, o un Gobierno de Sánchez y Sumar (más «funcional» que Podemos, dejan caer) o uno que dé cabida a la extrema derecha.
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Más allá de que Santiago Abascal haya utilizado esa estrategia de pactos «asimétricos» para lanzar sobre los populares la misma acusación que estos dirigieron durante años a los socialistas («Hay un solo Vox pero 17 PP») la situación de Extremadura tiene el inconveniente de que choca con el envite que, entrevista tras entrevista, Feijóo lanza a Sánchez sobre permitir el gobierno del ganador, aunque en los últimos tiempos haya introducido el matiz de que entre ambos exista una brecha sustancial de escaños. «Si gana Sánchez y nos saca 20 o 15 escaños y me pide que me abstenga para no gobernar con Podemos o los independentistas, lo haré –dijo el lunes en la Ser, apelando además al apoyo dado por los suyos a los socialistas en Barcelona o Vitoria para cerrar el paso a Junts y Bildu–. Si el PSOE no quiere que gobierne Vox, absténgase y gobierno yo».
El socialista Guillermo Fernández Vara, presidente del Gobierno extremeño en funciones, confirmó ayer que se presentará a la investidura. La suya fue la candidatura más votada el 28 de mayo, aunque el PSOE quedó igualado al PP en 28 escaños. Y por eso mismo hizo un emplazamiento a sus rivales. «Han volado los puentes, además, trayendo a Extremadura un debate nacional que les importa a PP y Vox, pero que nada cambia la vida de los extremeños y extremeñas», reprobó, antes de zanjar: «Han fracasado en su intento de acuerdo, permitan que gobierne la lista más votada»
Feijóo ha dado, en teoría, manos libres a sus barones para que hagan lo que estimen oportuno y Guardiola ya ha argumentado que prometió en campaña no facilitar un Gobierno del PSOE «porque es el que ha llevado a que Extremadura esté como está». «También descarto que en Madrid me digan que tengo que meter a Vox en el Gobierno. Y en cualquier caso –dijo en una entrevista en Onda Cero–, no lo haría».
Los socialistas alegan que el escenario poselectoral en autonomías y ayuntamientos ha puesto de manifiesto que la palabra del líder del PP vale «menos que un duro de madera». El ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, cuestionó ayer, de hecho, su integridad e insistió en que, ante tanta confusión, la celebración de debates electorales se hace aún más pertinente. «Estamos viendo estos días que el PP está en manos de Vox para desgracia de todos los que queremos que nuestro país avance y para desgracia, sobre todo, de las mujeres –alegó–. Feijóo dice que tiene principios; vamos a darlo por bueno, pero en el caso de que los tenga, tiene unos el lunes, que cambian el martes y el miércoles vota distinto. Y tiene unos principios que son distintos en la Comunidad Valenciana, en Balerares, en Toledo o en Valladolid».
El líder de los populares justificó que en cada lugar se apueste por una solución distinta y defendió que tanto en la Comunidad Valenciana como en Extremadura «se ha optado de forma correcta». A su juicio, que con el 8% de los votos, frente a casi el 39%, Vox pretendiera entrar en el Gobierno de Guardiola y presidir la Asamblea era «desproporcionado», mientras que esgrimir su 12,4% de papeletas frente al 35,3% para que Carlos Mazón cediese ante sus exigencias, no.
Los socialistas, por su parte, tampoco tienen la mínima intención de ofrecer sus votos para librar a Extremadura o a cualquier otra región de un Gobierno de la ultraderecha. En el caso de Fernández Vara apelan a que fue el más votado, pero, en todo caso, consideran que pedirles que se abstengan cuando PP y Vox han cerrado, según sus cálculos, 187 acuerdos municipales resulta de un enorme «cinismo». Sobre esos pactos, además, Sánchez pretende construir en cierta medida la remontada socialista.
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