Urgente Mazón desvela que llegó a las 20.28 horas al CECOPI la tarde de la dana

Con la contemplación del multitudinario entusiasmo de la Crida percibí la alegría de sentir cercano el olor a pólvora, disfrutar el ambiente prefallero y comprobar ... el entusiasmo de aquéllos que dedican parte de su tiempo durante todo el año para el éxito y disfrute de todos. Por contra, también recordé con asombro la contrariedad de dos carísimos -dicho en el lenguaje de Cicerón y sexta acepción de la RAE- colegas, Pablo Salazar y Jesús Civera, tanto monta, monta tanto, expresada en estas mismas páginas criticando la atmósfera prejosefina.

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Pablo, deberías aceptar que ese esfuerzo de los falleros merece una loa y no tu público quejido «porque cada vez hay más gente y porque cada comisión quiere su carpa, su concurso de paellas, su esmorçaret con blancos y negros cocinados en las calles, sus verbenas y, por supuesto, sus churrerías». Pues claro, como debe ser.

A diferencia de ti, yo sigo la directriz de san Agustín, «la felicidad consiste en seguir deseando lo que ya se tiene». De ahí que confíe, tú mismo los reconoces como colofón a tu Belvedere, «la guerra me temo la tenemos perdida aquellos que recordamos unas fiestas menos excesivas, menos ruidosas, con menos días, con menos gente, con menos de todo. Admitámoslo, esa guerra no la vamos a ganar».

Respecto a tu intolerancia, Jesús, espero que sólo sea una exageración momentánea al afirmar «como si las fiestas poseyeran la capacidad ultrahumana de rebelarse contra la humanidad» porque no creo que sea una sugerencia al añadir «que el año que viene esa atmósfera se origine ya en enero, o en verano, hasta cubrir el años entero». ¿En qué molesta que la jaula para las mascletaes se instale unos días antes en la plaza del Ayuntamiento y a la vez evitar cuadros tan poco edificantes que a veces adornan el hoy adefesio en que convirtieron el enclave?

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Me niego a aceptar que vuestra detracción provenga de la edad, porque no hace tantos años que las disfrutabais, gozo que habéis sabido, estoy seguro y así lo espero, transmitir a vuestros vástagos y adyacentes. Pablo, ya tardas en inscribir como fallero a tu nieto. Los míos ya lo son.

Os recomiendo recordar que vuestros lamentos no impiden a los trabajadores mantener la productividad, a los usuarios acudir a los centros de salud, a los consumidores entrar en los comercios y mercados. Por ello, Jesús, Pablo, no padezcáis, tomáosla suave, nos envejezcáis, disfrutad del conticinio y haced como yo que, como en El paraíso de las señoras «me enseñaron a disfrutar de lo que tengo en lugar de preocuparme por lo que me falta. Es la mejor manera de vivir en paz». Así es la vida.

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