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El diccionario de la Real Academia Española define el término 'incauto' como aquel individuo «ingenuo, cándido, que no tiene malicia». Corren malos tiempos para no ... observar la realidad con una mínima prevención. Aquello del 'cui prodest?' (¿a quién beneficia?) debería de incorporarse al día a día de cualquiera que quiera entender mínimamente cómo se suceden los acontecimientos. La política española en general ha incorporado unos niveles de beligerancia tales que, en la mayor parte de las ocasiones, las declaraciones públicas apenas si tienen que ver con la realidad. Y, en cambio, la gestión de las emociones y la manipulación se convierten en armas determinantes para conseguir objetivos políticos. Porque no hay otra cosa que eso, intencionalidad política. Carlos Mazón viene siendo de una intensa campaña de acoso y derribo desde que el 29 de octubre una dana arrasara media provincia de Valencia. Y en particular, por su torpeza para explicar exactamente qué motivos provocaron que ese día no apareciera en el Cecopi hasta las 20.28 horas. Ese hecho resulta incuestionable y es susceptible de la pertinente crítica política, todo lo contundente que se quiera. Pero una cosa muy distinta es el animoso injurioso, casi violento, que se percibe en algunas situaciones. El jefe del Consell se desplazó este jueves a Castellón para visitar la gaiata ganadora de las fiestas de la Magdalena. Y tuvo que abreviar la visita después de ser increpado por un pequeño grupo de personas. No es la primera vez que le ocurre. La imagen del líder del PP valenciano ha quedado más que tocada por todo lo ocurrido durante la riada. Pero resulta elocuente que cinco meses después, y en un viaje a la capital de la Plana, a bastante kilómetros de las comarcas afectadas por la dana, Mazón también sea recibido con protestas, inmediatamente retransmitidas por alguno de esos programas de debate político con una obvia orientación ideológica 'al rojo vivo'. A Mazón se le achica, se le reducen los espacios, los medios de comunicación le enciman como si estuviera huyendo, se le convocan manifestaciones sin parar, y se construye en definitiva un estado de opinión irrespirable, con el objetivo evidente de forzar su salida, o al menos intentarlo. Y pensar que la mano de los mismos actores políticos que después se harán eco de todas estas situaciones está detrás de esas movilizaciones y protestas resulta casi obligado. Le pasa a Mazón, pero no sólo al jefe del Consell. A otros niveles, en otros partidos, el juego sucio se multiplica. Esta semana se ha escuchado a dirigentes del PSPV de la ciudad de Valencia opinar sobre la apertura de diligencias que propone la fiscalía sobre el exedil de Vox Juanma Badenas por un contrato de publicidad sospechoso en Valencia Activa. Un caso de posible malversación, que PSPV y Compromís pusieron en conocimiento de la fiscalía, y que salpica al marido de la delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Pilar Bernabé. El portavoz Borja Sanjuan ha llegado a decir que existen «muchísimas evidencias de que el dinero público en València Activa estaba siendo utilizado para los intereses políticos, particulares y partidistas del señor Badenas». Y seguro que es así, y que acabarán saliendo a la luz. Lo que ocurre es que, en pleno horizonte congresual del PSPV de la ciudad de Valencia, y con una dirigente del partido por medio que además lo es de la ejecutiva federal del PSOE, resulta llamativo que sean precisamente los socialistas del cap i casal los que agiten ese avispero. Y mientras tanto, una ministra que lidera el PSPV orbitando alrededor de no se sabe muy bien qué.
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