Urgente Mazón desvela que llegó a las 20.28 horas al CECOPI la tarde de la dana

Vengo de la cultura, o de la infracultura, lo que ustedes prefieran, de la famosa «cuenta de la vieja». Sin duda me equivoco, pero abrazar ... el método de nuestros abuelos me genera tranquilidad, sosiego, buen humor y salud mental. Mis amigos financieros se llevan las manos a la cabeza cuando les confieso esta querencia rústica. Hablan de lo malo que es «descapitalizarse», y de lo maravilloso que es vivir endeudado. Como soy de escasa sesera para destripar estos misterios, lo que me encantaría es cerrar de una vez mi hipoteca. Eso se me antojaría el colmo del triunfo. «Estás loco si lo haces», aseguran mis amistades expertas en capitales.

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Nunca olvidaré la faz de completa pena que compusieron mis padres cuando les dije que había pedido un crédito, allá por la prehistoria. Mi madre incluso derramó lágrimas. En casa sólo se compraba algo cuando se ahorraba y, además, pese al gasto extra, quedaba algo de calcetín. Mantener un calcetín, cierto colchón, se me antoja otra gran virtud de nuestros padres. Pero nos vendieron que lo inteligente era viajar por el mundo bajo el peso de la deuda y compramos la idea porque nos interesaba para disfrutar de nuestros caprichos. Las naciones, las autonomías, los municipios y nosotros nos endeudamos. La vida es una pesadilla de bellaca deuda, pero parece que no pasa nada, hasta que un día igual revienta el invento y veremos. Hablan desde el gobierno, y para complacer, como de costumbre a Cataluña, de quitarnos deuda. A nuestra Comunitat le perdonarían 11.210 milloncetes, a Cataluña 17.104. O eso aseguran, porque como mienten tanto, a saber. Condonan parte de la deuda a los manirrotos, a los que gestionaron por encima de sus posibilidades. Vale, ¿pero nuestras deudas privadas también las jibarizan? No creo, pero cuidadín, las deudas no se evaporan. Pagaremos, como siempre, entre todos.

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