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Conocida por todos es la historia de Mario Alberto Kempes en el fútbol. El de césped. El de once contra once. Pero quizá, algunos, especialmente los más jóvenes, aquellos que sólo ubican a Kempes como 'el del pelo largo aquel que era muy bueno cuando mi abuelo era joven', no sepan que también tuvo un periplo por otro deporte. Similar al balompié, por supuesto. Y es que durante unos escasos meses, el astro argentino cambió las botas de tacos por las de goma. Dejó los campos de césped y se pasó al parqué.
Una decisión que hoy en día parecería impensable, pero sí, el Matador probó suerte en el fútbol sala, y lo hizo quizá todavía en su momento álgido deportivo. Lo que hoy en día se conocería como 'prime'. Con apenas 30 años, en 1984, el Valencia decidió no renovar el contrato de Kempes. Aquel verano, ante la deficitaria situación económica que atravesaba la entidad y que apenas dos años después abocaría al descenso, el club blanquinegro decidió prescindir de los servicios de Kempes. No podían permitírselo. El argentino siguió residiendo en la terreta, esperando a que le llegara una oferta de Primera División que le permitiese seguir ganándose la vida metiendo goles. La temporada 1984-85 empezó y Kempes seguía sin equipo. Eso sí, se cuidaba como el que más. Salía a correr por la calle para estar en forma. El argentino vivía en la urbanización Alfinach y acababa de tener su tercer hijo. Y de repente, le llegó una oferta que sin duda, captó su atención.
El Autocares Luz de Valencia llamaba a la puerta. Mejor dicho, lo hacía la cúpula de la entidad, al picaporte de la casa de Kempes. Según cuenta Alfonso Gil en su libro 'El fútbol sin balón', allí se dirigieron el presidente Manuel Clemente, el entrenador Miguel Ygueravide y el hombre de prensa, Manolo Martínez. «¿Y si fichamos a Kempes?» fue el motivo de aquella visita. Un 'no hay huevos' que se diría hoy en día. Probaron a ver si había suerte. Y la hubo. El argentino les atendió. La afluencia de público a los partidos del Autocares Luz, que jugaba en el pabellón de la Fuente de San Luis, no era la que la directiva deseaba. Buscaban la forma de relanzar el equipo. Y qué mejor forma que con un fichaje mediático. Un galáctico de la época.
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No tenían millones para convencer a Kempes. Pero sí podían prometerle la mitad de los ingresos de las taquillas. En la primera reunión, el Matador, al menos, no dijo no. Se lo pensó. Lógicamente, él quería seguir jugando a fútbol, el del césped. Pero no descartó la opción del parqué. Poco después, tras una segunda reunión, dio luz verde. El 3 de octubre de 1984 se vistió por primera vez para el anuncio oficial con la equipación del Autocares Luz, con la condición de que si le llegaba una oferta para jugar al fútbol de verdad, podía romper el contrato y volver a los campos verdes. Dicho y hecho, el Matador se puso las botas de fútbol sala y apareció en su primer entrenamiento anonadando a todos sus compañeros.
Algunos estaban acostumbrados a verle jugar en el Luis Casanova, nombre de Mestalla en aquellos tiempos. Con la blanquinegra y la senyera. Celebrando sus goles. Ahora compartían vestuario con él y se quedaban petrificados cuando el argentino les recriminaba que no le dieran el balón. Por supuesto, se la pasaban. Y mucho. Imaginen no hacerlo. «Enseguida nos dimos cuenta de que era uno más. Iba con nosotros en el autobús. Sin ningún privilegio. Cuando parábamos en los bares de carretera a comer era una locura. En un restaurante le hicieron firmar en el libro de honor. Tanto en casa como fuera las gradas siempre estaban llenas. La gente no venía a ver el fútbol sala, venía a ver a Kempes», recordaba en LAS PROVINCIAS Jorge Solaz, que era el portero del Autocares Luz en aquellos tiempos.
Le costó adaptarse, lógicamente. No es lo mismo por mucho que se juegue a meter un balón en una portería. Físicamente es más exigente. Tácticamente distinto. Posicionalmente parecido, pero lejano. Kempes tuvo que defender más que nunca y sentarse en el banquillo más de lo que le gustaba. Eso sí, en el futsal ser cambiado no implica no jugar más. Las sustituciones son ilimitadas y Kempes se tomaba descansitos breves para recuperar el aliento y volver a salir a por todas.
Nunca antes lo había practicado, aseguran. Pero el 7 de octubre de 1984, ante el Orereta de Rentería, la Fonteta congregó a más de 4.000 personas que pagaron a Kempes para ver a Kempes jugar al fútbol sala. Sin estar totalmente familiarizado, el argentino marcó dos goles aquella tarde. Por supuesto, lució el número 10. De no haber cobertura mediática para el deporte del parqué a tener la tribuna de prensa copada de periodistas, con multitud de fotógrafos inmortalizando el momento. Así cambió el Matador un deporte en cuestión de días. Pero el sueño del Autocares Luz no pudo durar mucho.
⚽️ La historia de Kempes en el fútbol sala valenciano es bien conocida. En 1984 el argentino jugó varios partidos en el Autocares Luz antes de firmar por el Hércules.
— Colección VCF (@coleccionVCF) March 26, 2021
🎖 Al final de su periplo de pabellón en pabellón, el 3 de enero de 1985 se le brindó un homenaje en la cancha. pic.twitter.com/Q0AYhW3QP0
Como habían pactado, si llegaba una oferta de fútbol once profesional, se iría. Tres meses después, en diciembre, el Hércules llamó a Mario Alberto. El equipo alicantino no había empezado bien aquel curso en Primera y luchaba por no descender. Necesitaba un refuerzo en el mercado invernal. Dicho y hecho, negociaron el contrato y Kempes se desvinculó del fútbol sala. Su último partido en un parqué fue el 3 de enero de 1985 contra el Interviú. 400 pesetas costaba la entrada al partido homenaje a Kempes. Jugó aquel día y se fue a Alicante. Allí se mantuvo dos medias temporadas. Consiguió la permanencia, con un agónico final venciendo al Real Madrid en la última jornada en el Bernabéu. En la 1985-86 se marchó a su periplo austríaco, y el conjunto herculano no pudo evitar el descenso, marchándose a Segunda acompañado del Valencia y el Celta.
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