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El bloc del cartero

Escritoras

Lorenzo Silva

Viernes, 28 de Febrero 2025, 11:36h

Tiempo de lectura: 5 min

Hoy no es en absoluto infrecuente que una mujer que escribe se vea en lo más alto de las listas de ventas y acceda a los más importantes premios literarios. Hubo, sin embargo, un tiempo no lejano en el que solo algunas como Agatha Christie estaban en las primeras y eran menos todavía las que ganaban los grandes galardones. Y si eso era así en general, qué decir de una España donde, entre otras cosas, las autoras casadas necesitaban para según qué gestiones el permiso de sus maridos. Fue en ese contexto donde Ana María Matute y Carmen Martín Gaite lograron la hazaña de alcanzar los premios más preciados, ingresar en el canon literario y a la postre convertirse también en autoras populares. Las dos cumplirían cien años en 2025. Es buen momento, sobre todo, para releerlas y así apreciar mejor su mérito.


LAS CARTAS DE LOS LECTORES

Matute y Martín Gaite, más allá del centenario

Este 2025 tiene por delante el reto de celebrar los centenarios del nacimiento de Carmen Martín Gaite y de Ana María Matute, dos escritoras que fueron capaces de construir y consolidar una trayectoria literaria en un mundo tan masculinizado como el que les tocó vivir. Si Ana María Matute se alzó con el Planeta en 1954 con Pequeño teatro y el Nadal cuatro años más tarde con Primera memoria, un año antes se había alzado con dicho galardón Martín Gaite con Entre visillos para, finalmente, tres décadas después, serle otorgado el Príncipe de Asturias de las Letras. Desde estéticas diversas, ambas supieron forjar una producción plural, rica en matices y que supera la visión reduccionista de no pocos manuales: Matute fue autora de cuentos y muy buenos, pero no solo infantiles, al igual que también escribió novelas crudas, donde la sordidez de la guerra civil vertebra el relato como en la trilogía Los mercaderes, en contraste con esa otra producción que evocaba castillos y aventuras medievales, cuyo culmen fue Olvidado rey Gudú. Por su parte, Martín Gaite no solo reflejó el mundo femenino y las ataduras a las que la sociedad imperante sometía a las mujeres, sino que fue también la escritora del diálogo –llegó a afirmar que su oficina e inspiración eran los autobuses– y la experimentación al bordear los límites de la novela y la autobiografía para alumbrar en 1978 El cuarto de atrás, una suerte de relato autoficcional donde fábula y realidad se mezclan como en aquellos collages donde todo cabía y a los que se dedicó en sus últimos años de vida. Afirmaba la poeta y profesora María Rosal en una conferencia a propósito del canon femenino en la literatura española que los centenarios están para olvidarlos pronto tras su celebración, palabras tan ácidas como certeras, pero que a los enseñantes de literatura nos permiten tener más razones si cabe para leer a estas autoras. Ese es el mejor de los homenajes que podemos rendirles, más allá de sus centenarios.

Raúl Calleja Fuentes. Palma del Río (Córdoba)


Suite del Desbroce 

No serán pocos los que ya anhelan ser los primeros en conseguir estancia en la Suite del Desbroce. Les cuento: la Suite del Desbroce tendrá panorámica primera línea del mar Mediterráneo. Brisa milenaria, aguerridos atardeceres y bellos ángulos. Estará bien apuntalada y contará con ungüentos capaces de no solo borrar, sino aniquilar, cualquier forma de arruga. Lo más de lo más. Hay mucho trabajo sobre el terreno en ese proyecto. Se desbrozarán sus naturales impurezas. Se desbrozará el otoño, se desbrozará la niebla. Se desbrozará el zambullido escandaloso de la chiquillada autóctona. Y, desde luego, se desbrozarán todas las raíces. Una vez todo desbrozado, le darán la bienvenida a su glamurosa indiferencia. Bienvenidos a Gaza, bienvenidos a la Suite del Desbroce.

Francisco García Castro. Estepona (Málaga)


El dolor no se mide en porcentajes

Hace unos días un ministro, comentaba con alguna suficiencia que «la inquiokupación en Madrid era un problema que sólo afectaba al 0,000… y que podía poner los ceros que haga falta». Otra ministra aseguraba en torno a la fiscalidad de los que perciben ese SMI que «sólo el 20 por ciento de los trabajadores que cobran el SMI tendrán que tributar en el IRPF». Bien, estos son sólo dos ejemplos de la utilización sesgada de los datos estadísticos, pero no parece razonable valorar las dificultades de ciudadanos víctimas de okupaciones/inquiokupaciones o de los trabajadores situados en el punto más bajo de la escala salarial, en función del número de afectados. Lo argumentado no supone en modo alguno una posición en favor de desahucios salvajes ni en contra de la razonable solidaridad fiscal de todos, pero creo que los poderes públicos tienen la obligación y los recursos para, con esfuerzo y creatividad, realizar los ajustes legales que alivien las situaciones injustas que sufren, en este caso al 100 por cien, esos aparentemente despreciados «cero coma… con los ceros que haga falta» ciudadanos.

Joaquín Villalba Garcés. Valencia


Avidez recaudatoria 

El incesante incremento de la presión fiscal es el resultado de no deflactar tarifas, exenciones y deducciones por el aumento de la inflación que ha repuntado. La política fiscal actual contraviene el principio general tributario consagrado en el art. 31 de la CE. Se está haciendo caja del escudo social mientras el impuesto de sociedades prevé varias deducciones, bonificaciones y contempla tipos reducidos. La voracidad recaudatoria del Gobierno se inscribe en una política fiscal confiscatoria sostenida que no tiene por finalidad garantizar un servicio público de calidad, sino financiar un elevado nivel de gasto burocrático y clientelar. La avidez de Hacienda por recaudar muestra la verdadera faz demagógica de su populismo fiscal con el manido discurso de que son los ricos quienes asumen mayor carga fiscal cuando la realidad patente es otra, son las rentas medias y bajas las que soportan la mayor parte de las subidas fiscales. Los ingresos previstos no cubren los gastos de la política económica y social y la Unión Europea ya ha puesto el punto de mira en el déficit y la galopante deuda pública contraída. Las cuentas del Estado no cuadran y se recurre a imponer el IRPF a los más desprotegidos, a los perceptores del salario mínimo interprofesional, en constante aumento, con el coste que ello comporta para las empresas, sin tocar la base mínima de exención para tributar por dicho impuesto. Lo dicho: sacar dinero, como sea, hasta debajo de las piedras.

José María Torras Coll. Sabadell


LA CARTA DE LA SEMANA

El cuidador

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+ ¿Por qué la he premiado?

Porque quien cuida una planta cuida el mundo en tiempos de descuido y destrucción.

Nunca he sabido su nombre, tiene una edad razonablemente adulta, pero indefinida. Vestimenta de temporada, pero siempre de acuerdo con la ropa usada del contenedor. Suelo encontrármelo arreglando los huecos de los árboles de la Rambla. Planta flores y arbustos, desechados, en los alcorques, y los abona con la tierra sobrante de los tiestos abandonados. Retira con cuidado las hojas secas, endereza sus tallos. Los riega con agua de la fuente, traída en bidones de plástico con un carrito de circunstancias. Últimamente en los parterres que mantiene en buen estado han aparecido unos sencillos tablones de los vecinos, con su nombre, solicitando respeto y gratitud por los pequeños espacios que tiene a su cuidado. Es el mejor reconocimiento que se le puede hacer, mucho mejor que una placa horrible. Ahora, por lo menos, ya sabemos todos su nombre.

Alberto Maluquer Sarrias. Barcelona