Con el silencio de la noche de Campanar sólo roto por el penetrante sonido de los motores de las autobombas de los bomberos, Cristian trataba de evadirse escuchando en sus auriculares negros una lista de Spotify. Charlaba con otra joven. Valeria. Los dos con la misma ansiedad: saber si entre los entonces desaparecidos estaban dos familiares de unos amigos.
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El tiempo acabó confirmando la fatalidad... El matrimonio de ancianos por el que preguntaba Cristian eran los tios de una amiga. Ella no podía acudir al lugar y lo mandó a él para intentar enterarse. Con el peor presagio como compañero de viaje, el joven preguntaba desesperado a los pies de la finca. «¿Qué va hacer un matrimonio de personas mayores y su mascota? Imposible», lamentaba mientras pedía a la Policía Local el teléfono de atención a víctimas y desaparecidos.
Incendio en valencia
«Mi amiga ha llamado a hospitales y nada», aseguraba casi sin contener las lágrimas. «Si no están en hospitales ni en la lista... pues eso... perdonad no puedo seguir», sostenía el joven antes de que se le quebrar la voz.
Cristian pidió a la Policía Local el teléfono de atención a víctimas y desaparecidos. «¿Qué va a hacer un matrimonio de personas mayores y su mascota… Imposible», lamentaba Cristian.
Por la tarde se confirmó la severa noticia: el matrimonio de personas mayores y la mascota estaban entre las personas fallecidas en el siniestro. Los dos vivían en un tercer piso. Y precisamente en los níveles inferiores es donde la temperatura alcanzada por el siniestro fue más alta. Todo apunta a que nada pudieron hacer por salir del interior de su casa.
De hecho, las principales hipótesis de los investigadores es que la práctica totalidad de las víctimas fallecieron al confinarse en sus viviendas. Teóricamente esa es la recomendación que se da en todos los protocolos de emergencias. Quedarse protegido en un lugar seguro, poner trapos humedos bajo puertas y ventanas para evitar la entrada de humo, o no utilizar el ascensor (que puede quedarse bloqueado si hay un fallo eléctrico en el inmueble, algo que puede ser muy habitual con incendios en viviendas).
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Además, la humareda desatada por los aislantes y los elementos plásticos que contenía la fachada, convertida en verdadera mecha del incendio, era altamente tóxica. De hecho, en el momento más álgido de las llamas, los bomberos y policías indicaron a los vecinos de las fincas de varias manzanas que cerrarán puertas y ventanas de sus viviendas y no permanecieran en las terrazas. Durante los instantes más cruentos del incendio, alguna finca de la zona recibió la orden de desalojar. No sólo por que las llamas se dirigieran.
Y en los numerosos controles que convirtieron el edificio de Campanar en una 'zona cero' para los peatones, los agentes de la Policía Local y Nacional recomendaban a los peatones que se alejaran o incluso que utilizaran mascarilla para evitar respirar el denso humo tóxico.
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El humo se convirtió en el letal enemigo de una pareja como los dos ancianos jubilados. La humareda, la columna y el olor a plástico quemado se extendió por toda Valencia durante la noche del jueves. En numerosos barrios, situados a kilómetros a la redonda del escenario del drama, los vecinos señalaban por redes sociales la tremenda humareda que rodeó la ciudad. Sumida en las dificultades para respirar y en un profundo dolor.
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